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En vida, mi mujer, mis hijos y mis amigos me dieron todo a lo que podía aspirar… Me voy tranquilo y sin amarguras de ninguna clase. / Foto: TOMADA DE FACEBOOK

NECROLOGÍA. Pablo Emilio Ramírez: Me voy tranquilo y sin amarguras de ninguna clase

CÚCUTA.- Pablo Emilio Ramírez Calderón, médico de profesión y político por vocación, era amante de la armonía, el verde de la naturaleza y la ganadería, que disfrutaba en la finca de sus padres. Había nacido en Cúcuta, el 15 de septiembre de 1927, y murió próximo a cumplir los 92 años. 

La biblioteca colmada de libros era su refugio. A la hora de descansar se sentaba en el sillón de cuero a leer. Los textos científicos, de literatura y culturales lo acompañaban en los momentos de reflexión. Estudió bachillerato en la ciudad natal y al terminar el ciclo viajó a Bogotá para prepararse como médico. Se especializó en cirugía general y ginecología.

Se casó con Mariela Gómez, quien lo acompañó hasta el último momento. El 1983, murió el padre y dos años después la madre. Esas pérdidas significaron un golpe fuerte y lo deprimió por largo tiempo.

Como profesional de la medicina alcanzó gran trayectoria. Trabajó 18 años en el hospital San Juan de Dios, cinco de los cuales los pasó en el servicio de cirugía ginecológica. Se retiró del centro asistencial a raíz de la enfermedad de su hermano Juan Agustín, quien en esa época era alcalde de Cúcuta y sufrió parálisis en las piernas.

En el hospital fue portador de buenas noticias para los pacientes, al salvarles la vida. Los ojos azules presenciaron la sonrisa de los angustiados hombres y mujeres que esperaban la salida del doctor para conocer el estado los familiares. Algunos no corrieron con suerte, a pesar de su esfuerzo y la muerte se los llevó.

En la ciudad gozó del reconocimiento por la exitosa trayectoria. Bajo su orientación se asumieron retos quirúrgicos que no se habían practicado en Cúcuta. Entre esos procedimientos destacan la mastectomía radical para prevenir el cáncer en la glándula mamaria, la cirugía para el cáncer de recto, la anastomosis porto sistémica para la hipertensión portal y la cirugía subtotal de la glándula paródica.

La política siempre lo inquietó y formó parte de su vida. Entre 1990 y 1992 fue concejal de Cúcuta, elegido por un movimiento cívico. La historia lo sedujo y perteneció a la Academia de Historia de Norte de Santander. En la sede de la entidad aprovechó el tiempo para enterarse del pasado local, nacional y mundial.

En el rostro de este hombre sencillo, veedor y doliente de la capital de Norte de Santander, predominaba el blanco de las cejas y el bigote. La arrugada piel era símbolo de las preocupaciones por los problemas no resueltos en la ciudad. El cielo azul de los ojos daba el toque de seriedad que imponía a sus actos.

Era lector apasionado. En la agenda, que guardaba con recelo en el escritorio antiguo y de madera, apuntaba los títulos de los cinco libros que leía cada mes. En la parte superior de los estantes de la biblioteca coleccionó bandejas, gallardetes, pabellones y 11 trofeos que ganó como aficionado a la ganadería. Participó en las ferias de Cúcuta y llevó sus ejemplares a Bucaramanga, Valledupar, Cartagena y Medellín.

La inquietud por velar por los intereses de los cucuteños le permitió unirse con varios amigos y sacar adelante el proyecto de un periódico. El Faro, así se llamó el quincenario que dirigió y en el que expresó sus inquietudes.

En los últimos años mantuvo el consultorio en la casa, donde atendía a los pacientes. Vivió tranquilo y seguro de que hizo lo que la vida le permitió. En abril de 2016, como premonición del desenlace fatal, escribió una carta a los amigos y les entregó indicaciones acerca de las honras fúnebres.

“Deseo el entierro más sencillo y modesto. Quiero que me entierren en el cementerio central de Cúcuta, en el pequeño mausoleo donde están mi papá y mi mamá, y donde hay un puesto listo para recibirme”.

OSCAR OCAMPO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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