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MEDIO AMBIENTE. ¿Qué queda de Pozo Azul?

Pozo Azul es un destino turístico tradicional en Norte de Santander. Acoge a extranjeros y cucuteños. Allí, lejos de la ciudad, solo se escuchan el cantar de los pájaros y el ruido producido por los reptiles que arrastran las hojas secas del verano y parten los chamizos al caminar. Al fondo de la montaña, a 20 kilómetros del casco urbano, se impone la gran roca plana, pulida por el agua, que la recorre y forma toboganes naturales perfectos.

Por una vía terciaria que une al anillo vial occidental con el antiguo Puente Zulia se inicia el recorrido. En la carretera destapada y angosta, aparece el anuncio ‘Pozo Azul a 16 km’. En el trayecto pueden verse fincas de ganado, agrícolas y avícolas. Dos kilómetros después, se experimenta la sensación de estar en lo más profundo de las montañas verdes e imponentes que rodean a ‘La Perla del Norte’.

El sendero pavimentado permite acelerar el paso hasta llegar al corregimiento Carmen de Tonchalá. Recorrerlo no dura más de 5 minutos y solo se ven la escuela, la iglesia cristiana y unas cuantas casas. En este lugar nació Cúcuta. En uno de los predios doña Juana Rangel de Cuéllar firmò los documentos de cesión de tierras para fundar la ahora capital de Norte de Santander.

A un kilómetro del corregimiento se aprecian varias fincas donde se llevan a cabo proyectos agroforestales. La preservación de estas tierras es un reto para los  conservacionistas cucuteños y para las entidades encargadas de la protección del medio ambiente. Pero no todo se conserva en estos lugares. Un puente en mal estado complica el viaje y la única garantía que brinda al conductor es el aviso que advierte ‘Transite bajo su responsabilidad’. No hay otra alternativa que cruzar por la quebrada. Otro kilómetro después aparece el acueducto del río Zulia. Uno de los desvíos indica que Pozo Azul está a mano izquierda y que faltan 8 kilómetros para llegar.

Al bordo de la carretera se ven casas abandonas y llenas de maleza. El tráfico de volquetas y vehículos cargados con hortalizas  levantan polvaredas, como tormentas de arena. En las mañana el sol ilumina, pero no acalora, y el recorrido se hace más cómodo.

A 3 kilómetros de llegar al objetivo, la vía se empina y comienza el accenso dificultoso. El trayecto se hace largo por la reducción de velocidad. Minutos después aparece la entrada principal, una propiedad privada que comprende de una casa, dos ramadas, un terreno cercado con alambre, parqueadero y el desvío peatonal. Ahí comienza la travesía a pie.

Macedonio Porras, propietario de la finca Villanueva, cobra  $ 3000, por cuidar el carro. No para lucrarse, sino para invertir en la conservación  del camino. “Tengo claro que ese pozo es del Estado, pero la entrada es por mi finca. Me encargo de mantener todo lo mejor posible, aunque solo no puedo”.

El sendero peatonal es amplio. Cultivos de maíz, yuca, plátano y otros vegetales cultivados por el dueño acompañan el recorrido durante 20 minutos. En medio  del bosque se abre un espacio y por los residuos se concluye que es el punto donde los vendedores se rebuscan la vida en los días de mayor asistencia al lugar.

El camino continúa en descenso para llegar a la cascada. Es difícil caminar por el bosque, no hay señalización que indique a los turistas por dónde deben ir para llegar al pozo. También, es común observar basura que dejan los visitantes. Diez minutos más entre chamizas y hojas secas para llegar al destino escogido.

Años atrás, corrían millones de litros de agua, que saltaban 30 metros hasta caer al pozo. Hoy, ninguno existe. La cascada está seca y el pozo no es más que una piedra inmensa seca, con toboganes naturales sin agua, un charco no tan azul, más bien verde, de olor hediondo, con el fondo lleno de latas y botellas.

JORGE FERNÁNDEZ

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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