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Soy un ser humano corriente, lleno de defectos, que trata de disimularlos con el trabajo, y una persona dedicada al periodismo. / Foto: Cortesía Gol Caracol

MANO A MANO CON JAVIER HERNÁNDEZ (II). Mi éxito nunca dependió de los demás

CÚCUTA.- El periodismo es una carrera de largo aliento, así define en una frase Javier Hernández la profesión que le ha entregado tantas alegrías. En esta segunda parte dialoga sobre los cambios del periodismo, el aporte femenino a la profesión, la relación con Javier Fernández Franco y Gustavo Alfaro, y aspectos personales que lo definen como ser humano. Igualmente, expresa cariño especial por Cúcuta.

¿En qué ha cambiado el periodismo?

  • Ha cambiado mucho, se ha vuelto comercial. Cuando la profesión se torna comercial se expone a la corrupción. Ahora, se ven oficinas de periodistas tratando de hablar sobre temas por encargo, no por la filosofía de informar. El mejor ejemplo es el tema de Falcao García sobre un lote que compró en el 2013, en Chía y que una señora reclamaba como suyo. Si hubiera sido otro el involucrado no hubiera tenido el impacto en el medio. Entonces, ahí viene la pregunta: ¿De dónde salió la idea que fuera a través de los medios que se hiciera la reclamación? La respuesta es, de alguien que dijo: “tengo un amigo periodista que la puede ayudar con esto”. Ahí es cuando aparece el interés comercial. Tristemente, dentro de la profesión existen empresas periodísticas dedicadas al chantaje y otras a la defensa. El periodismo puro está por desaparecer, es parte de la corrupción que nos carcome.

¿Qué lo molesta de esta profesión?

  • Amo a la profesión y si muriera para volver a nacer, pediría otra vez ser periodista. Los únicos que me molestan son los empresarios de los medios, desconocieron a la profesión y eso hace parte de la crisis que vive el periodismo, obligan al periodista a que debe ser vendedor, tiene que tocar puertas para sobrevivir, porque de la sola información no se vive, eso es culpa de las empresas. Me molesta que la gente mire el éxito de los demás como frustración propia. Me alegro cuando veo triunfar a Hernán Peláez, Javier Fernández o Carlos Morales. No me lleno de envidia, porque el si esta allá, y yo no, entonces voy a buscarle los defectos para criticarlo. Ese defecto lo tienen las nuevas generaciones, buscan figurar sin hacer un camino honesto, lleno de esfuerzo, solo se dedican a decir: “está viejo o cuándo se va a retirar aquel”. Creen que los demás ocupan su lugar. Estas carreras son de largo aliento, son de disciplina, consistencia y respeto. La mejor manera de llegar a la cima es siendo profesional. No hay más.

¿Cómo se conocieron con Javier Fernández?

  • Me remplaza en el noticiero donde trabajaba antes de pasar a Caracol, ese noticiero en Vivo lo dirigía German Ayala. Luego, nos encontramos en RCN, él cómo narrador y yo en Caracol. Con el tiempo salió de RCN y lo acogimos hasta cuando se fue.

¿Cómo era la relación con ‘el cantante de gol’?

  • No teníamos la oportunidad de compartir mucho, Él vivía en Cali y yo en Bogotá. En el último Mundial todos los días teníamos que vernos, había que tomar un avión o un tren para desplazarnos hacia una ciudad. Cuando compartíamos el tiempo de espera en un aeropuerto, luego el partido, el pospartido tratábamos que fueran de inmensa calidad esos ratos de charla. ¿Cómo se logra? Se habla de la familia, sobre los hijos, sobre lo que nos ha pasado y lo que podía venir profesionalmente. Eran pocos los momentos, pero intensos.

¿Cómo llegó Gustavo Alfaro al Gol Caracol?

  • Llegó por accidente. Íbamos a trasmitir el partido entre Colombia y Argentina, en el 2004, el técnico de la tricolor era Reinaldo Rueda, estábamos en Argentina y la moda era Faustino Asprilla, porque había participado en un desafío. El director de Caracol había decidido que nos acompañara en la trasmisión, no aparecía y faltaban 48 horas para el partido. Me dicen que busque a un técnico o a alguien relacionado con el futbol para que estuviera en el juego y también era delinear el equipo para el Mundial del 2006. La solución de ese momento era llamar a Ricardo Gareca para que me ayudara. Se encontraba en Argentina, porque dirigía a Talleres de Córdoba. Me dijo que no podía.
  • Cuando llegué al hotel vi el programa Hablemos de fútbol, el invitado era Gustavo Alfaro, analicé cada respuesta que daba y era el indicado, porque en la trasmisión los comentarios debían ser apuntes cortos, rápidos y contundentes, debido a que teníamos muchos comerciales. Hice el contacto, me pidió 20.000 dólares el representante y le mencioné que no teníamos esa cantidad, que ese valor se lo pagábamos en el Mundial. Me pidieron dos parqueaderos en el sótano del estadio Monumental de Ríver y tres credenciales y las pudimos conseguir. Alfaro estuvo con nosotros, ahí empezó todo y después fue la sensación en el Mundial del 2006.

¿Cuál ha sido la clave del éxito en su carrera?

  • Viene desde la actitud. Pensar que todos los días son distintos. Si el anterior te fue mal, al siguiente tienes que estar lleno de esperanza, porque el que sigue va a ser el mejor. Y si el día fue espectacular, piensa que los restantes serán igual, siempre debe pensar en positivo. Siempre tengo presente la teoría de atracción, uno lo que llama, le cae, atrae. Si usted llama lo bueno, confía plenamente, si dice con esto voy a triunfar, esto es un éxito, siendo consciente de todos los análisis profesionales que tiene si hay convicción eso tarde o temprano será un buen resultado. Lo más importante es que no depende de los demás, depende de mí.

¿Qué opina de las nuevas generaciones?

  • Me preocupa la poca dedicación a la profesión. Lo digo, porque en los últimos años, luego de hacer un balance, han pasado más de 70 practicantes por Gol Caracol y Noticias Caracol, de esa cantidad solo han quedado cuatro o cinco. Eso pasa porque llegan a sentarse en el set, sin saber si están preparados o no. Para entrar a un set tuvimos que hacer 10 años de radio, ese tiempo nos dio lo que hoy somos. Si voy a un lugar de esos es para quedarme, no salir una vez y después no volver. Las nuevas generaciones trabajan por tiempo, no por tarea, la profesión es más tarea que otra cosa. Piensan que lo merecen todo sin lucharlo, y no solo en el periodismo, en cualquier otro trabajo es así.

¿Qué tan bueno es la utilización de las redes sociales en las nuevas generaciones? ¿Pueden o no marcar diferencia?

  • Las redes sociales están llenas de ideologías, pero también están repletas de analfabetas. Personas que opinan reaccionariamente, para el periodismo son peligrosas. El reportero, lo primero que debe defender es el rigor de la verdad, puede ser que sea distinta a la de otro, pero es su verdad. Las redes te pueden llevar a decir mentiras, hablas de un suceso y no sabes si fue real el lugar o lo acontecido. La falta de rigor conllevan a las noticias falsas, eso se debe controlar.

¿Qué opina del periodismo femenino?

  • Que tiene mucho por dar. El tema es lo que les ha costado interpretar el rol de una periodista integral. El mejor caso que puedo citar es el de Ana María Navarrete y Mariana Granciera. Antes de ellas, pasaron muchas practicantes con ganas de ser periodistas, pero no sabían formular una nota, o qué hacer si la nota se cortaba, solo era presentar y los demás hacían el resto. Entendimos la importancia del ser integral. Ellas lo fueron y actualmente son las periodistas con más reconocimientos en el canal. Eso nos hace feliz.

¿Con el tema del periodismo femenino, tenemos un gremio machista?

  • No solo es el gremio, el país como tal es machista. En Estados Unidos las mujeres pelean para ser mejor calificadas laboralmente y puedan tener los derechos que los hombres. No es un fenómeno solo del periodismo o del colombiano, es una falla mundial que debemos borrar y acabar. Hay mujeres brillantes y hay que reconocerlas. Tenía una directora con la que peleábamos porque no sabía de fútbol, pero no podía desconocer lo inteligente y capaz que era en el puesto, es María Isabel Rueda.

¿Cuál fue su primer galardón como periodista?

  • El Premio Ondas de España, en 1997, estaba en el Noticiero Nacional en ese momento. El trabajo se llamó ‘Los niños de la selección’, una recopilación de niños que de cierta manera eran el reflejo de la generación de futbolistas de aquella época. Recuerdo que en Bolivia me encontré a un niño intentando hacer el escorpión de Higuita. En un circo o ciudad de hierro, había un disparador de balones y el niño trataba de hacer la jugada y le hice la nota. Tenía el pelo igual que René. En Montevideo encontré a un niño con el corte del Pibe Valderrama, y así encontré muchos casos. Cuando presentamos el material antes de enviarlo le dije a Carolina (mi esposa) que merecía un premio de periodismo, pero internacional, que diera reconocimiento y no dinero. Ese galardón en España cumplía con eso. Lo enviamos en marzo y en noviembre la agencia EFE notificó en una nota que me lo había ganado.

¿Qué tan importante es su familia?

  • Muy importante. Es el eje de todo lo que tengo, es parte del discurso. Preparamos a la gente para ir al Mundial, lo hacemos con 11 meses de anticipación y los últimos meses tratamos de que convivan bien con la familia, tanto así que finalizamos la preparación un mes antes de viajar. Los últimos fines de semana se los dejamos a sus seres queridos para disfrutar plenamente, porque van a dejar de verlos durante un mes. Uno sabe cuándo un empleado que bajo nuestro mando está con problemas de rendimiento, uno sabe que tiene problemas familiares y por eso tratamos que el eje de todo sea la familia.

¿El momento más feliz en su carrera como periodista deportivo?

  • Me emocioné mucho en la trasmisión de la final de la Copa América, en el 2001, que ganó Colombia. Ese día me tocó con William Vinasco. Quizás el sueño que tenía antes era trasmitir la final de una Copa del Mundo y había gente tan importante por encima de mí en Caracol Radio que decía: “esto me va a tocar cuando esté más viejo”. En 1994, se dieron algunas circunstancias y hubo diferencias entre Peláez y Perea. El director me escogió para que comentara la final entre Brasil e Italia. Me parecía increíble, porque por encima de mí, en reconocimiento nacional, estaban Wbeimar Muñoz y Javier Giraldo Neira. Hablé con ambos porque una de las maneras más lindas de triunfar es respetar y no saltarse el proceso de los demás.

¿El momento más triste de la profesión?

  • Tengo muchos, a pesar de que paso las páginas de tristeza muy rápido. El momento difícil fue en la vuelta a Colombia, en 1975, uno de mis ídolos era Gonzalo Marín. La vuelta había salido de Cúcuta y llegaba a Bucaramanga, hubo una neutralización que partía de Pamplona a Bucaramanga. En la bajada, a Gonzalo Marín el tubular se le despegó y terminó en gran riesgo de perder la vida. Estuvo un año largo fuera de carreras. Fui a verlo al hospital, porque a pesar de que era un comentarista dócil me tocó ver esa angustia. Ese proceso fue doloroso.

¿Qué es  indispensable en la maleta de viaje?

  • Un libro sobre fútbol, cuando voy a temas de fútbol; cuando voy a conferencias, llevo un libro del que estoy enamorado, ‘El entorno tóxico’, del escritor argentino Bernardo Stamateas, que dice sobre todo lo toxico que hay en la vida, cómo sacarlo y cómo vivir sin contaminarse de malas vibras.

¿Cómo es un día en su vida?

  • Me levanto 5:30 de la mañana. En los últimos 11 años mi vida cambió mucho gracias a mi última hija, Sofía. Soy el encargado de llevarla al baño y alistarla. A pesar de que tiene 11 años, todavía la ayudo a ponerse los zapatos, a organizarse, la dejo en la ruta a las 6:30 y a las 7:00 estoy al aire en Blu Radio. Todo lo hago desde mi casa. A las 12:30 almuerzo, y arranco para el Canal, atiendo mis obligaciones en Blu Radio y después paso al noticiero. Eso sin contar las reuniones que hay en una empresa como Caracol.

¿Qué opina del periodismo cucuteño?

  • Cúcuta siempre ha tenido grandes periodistas. Tengo grandes amigos. Jorge Enrique Rico es un personaje al que admiro muchísimo, tiene un gran carisma y es un ser humano excepcional; Carlos Humberto Ortega; compartí con un gran narrador samario César Augusto Garizábal Fuentes; no me tocó (Gilberto) Maldonado, pero vi nacer a Rodrigo Vásquez Valencia, y a un hombre de radio excepcional, Carlos Pérez, fue mi jefe en mi última etapa, era gerente en Radio Reloj y Caracol Radio. Cúcuta siempre ha tenido buen periodismo, no hay que olvidar que también pasaron Wbeimar Muñoz y Oscar Rentería. Eso hablaba del nivel exigente que había en esa época.

¿Qué tanto cariño le tiene a Cúcuta?

  • Me encanta, me fascina la ciudad. Tengo grandes amigos, un amigo del alma es el urólogo Manuel Díaz; Hugo Horacio Lóndero y German Burrito González, son de esos amigos que uno puede quedarse ocho días con ellos dialogando.

¿Cómo podemos describir a Javier Hernández Bonett?

  • Soy un ser humano corriente, lleno de defectos que trata de disimularlos con el trabajo, dedicado al periodismo, a amar el periodismo. Ese soy yo.

JORDY ORLANDO CRUZ

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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