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"Soy una persona chistosa, humilde, dedicada a la familia, responsable, siempre de buen corazón y presta ayudar". / Foto: @duvanhas

MANO A MANO CON DUVAN CARRILLO. “Por cada penal que atajes te doy 50 dólares”.

CÚCUTA.- Se lucha con la familia, el sacrificio es la mejor opción para empezar a alcanzar las metas cada día, se trabaja en silencio y con el pensamiento de estar más adelante. Eso es Duvan Carrillo, arquero cucuteño. Juega en Jaguares y aquí la historia para llegar al profesionalismo.

¿Usted llegó a ser arquero para mantener la cercanía con un amigo?

– Sí. En la infancia, como cualquier niño juagaba fútbol, era delantero. En el colegio me gustaba tapar en microfútbol y en el equipo de la Bombonera (Atalaya) faltaba un arquero y me dijeron que fuera a tapar. Acepté. Éramos categorías baby y llegamos a la final de la Liga. Perdimos contra Quinta Oriental y ahí fue mi primera experiencia como arquero.

¿Los primeros guantes llegaron gracias a los bazares y rifas que hacía su familia?

– Mi familia no ha sido de mucho dinero, pero estaba presta para ayudarme en lo que era necesario. Lográbamos dinero para viajes o comprar implementos deportivos por medio de rifas, bazares. Familia, vecinos y amigos colaboraban en la compra de los puestos o en cualquier evento. Me daba pena ir por cada casa y mi abuela, mi madre y mi hermana ayudaban en eso. Fue una experiencia bonita que me enseñó a valorar las cosas que uno consigue, porque en el pasado fue difícil obtener.

¿Cómo hacía para que le durarán los guantes?

– Era niño cuando empecé a tapar. Mi madre, junto a mi padre, se esforzaban para regalarme guantes. En la carrera de un arquero unos buenos guantes son indispensables. Recuerdo que los lavaba y los ponía al sol para secarlos. Trataba que me duraran. Tenía fama de dañarlos por mal uso, siempre he sido así y me tocaba usarlos hasta que no pudieran remendarse más. Mi madre o mi abuela los cosían con foami para que duraran, porque en ese tiempo eran costosos.

Con Aniversario se llevó la valla menos vencida en Estados Unidos ¿se imaginó eso?

– Se presentó la oportunidad de viajar a Miami para jugar un torneo, en compañía del profesor Palencia. En ese momento era un arquero maduro, con procesos de selecciones de Norte. Fui el capitán, demostré buen nivel en la competición. Fue mi primera experiencia internacional. Creo que es el único título internacional que tiene Aniversario. La valla menos vencida fue porque teníamos buena defensa.

¿Se ganó 200 dólares por atajar dos penales?

  • Sí. Eran 50 dólares por cada penal, ataje dos y convertí uno. Fue en esa final en Miami. Uno de los patrocinadores me dijo: “Duvan por cada penalti que tapes te doy 50 dólares y así fuimos campeones.

¿Dónde hizo su proceso formativo en Cúcuta?

– En la escuela Juventus Chamitos. Mi madre me comenta que yo iba a acompañar a mi hermano a entrenar, con la sub 20. Al principio jugaba canicas con las piedras de la cancha. Ahí crecí. Pasé por otros equipos, pero con Chamitos hice mis primeras participaciones en Liga y fueron mis llamados a selección Norte.

¿Qué profesor recuerda con especial cariño de ese proceso?

– Julio César Mejía, pertenece a Juventus Chamitos, me brindó la mano. A veces no tenía para los arbitrajes en los partidos o un pasaje y me llevaba gratis junto a otros compañeros. En el carro nos recogía y estaba presto para ayudar. Fue la persona con la que inicie mi proceso de formación de los 9 hasta los 17 años.

¿Cómo era el trato en las primeras convocatorias a Selección?

Nunca hubo desprecio. Era un arquero que no conocían. Llegaban a presentar los microciclos en selección Norte, en ese momento dirigía el profesor Dumar. Había llegado de ganar el título con Chamitos en el torneo de Centrales Eléctricas. Pasé los filtros, me iba bien en los entrenamientos y por eso me gané el puesto. Además, en algunos amistosos fui figura. En el Zonal de Magdalena nos faltó un gol para clasificar. Fui importante en muchos juegos. Nunca hubo maltrato, simplemente hay que trabajar para ganarse un nombre.

¿En Barranquilla cambió la situación?

– Sí. En ese torneo (Asefal) fui con Chamitos. Mi padre le dijo al entrenador: “si no tiene arquero, meta a Duvan que lo hace bien”. En ese viaje estaba como delantero, era acuerpado, con estatura alta y un poco gordo. Durante el torneo, nuestro arquero se lesionó la muñeca y entré a tapar. Me fue bien, clasificamos a la siguiente ronda hasta llegar a semifinales. Ahí empezó mi experiencia de volver a tapar.

¿Qué significado tiene haber estado en selección Norte?

– Te ayuda a crecer. En las selecciones Norte te enfrentas a jugadores de alto nivel como los de Antioquia, Valle, Bogotá, y ahí se veía el nivel en el que estaban el departamento y los compañeros. Nos costaba clasificar por la exigencia de los demás. Haber estado en los procesos con la camiseta del Norte fue un orgullo. Se pudo haber hecho algo más, pero me hizo madurar como arquero. 

Cuando llegó el apodo ‘antipenal’ ¿se sentía así?

– Sí. El apodo llegó, porque con Chamitos llegamos a la final dos veces consecutivas en Liga. La primera, eliminamos a equipos fuertes en Cúcuta, como Quinta Oriental, en cuartos de final, y en semifinales, a Aniversario. Salí figura. Atajaba dos o tres penales para ayudarle al equipo. En otros torneos sabían que la mente jugaba en contra cuando estaba en el arco y nuestros cobradores eran efectivos.

¿Una final por penales contra Duvan era un subcampeonato para los rivales?

– He sido seguro en los penales, quemaba tiempo cuando faltaban 10 minutos para que llegáramos a esa instancia. Sabía lo que podía dar. He aportado, pero es como todo, a veces el fútbol te da y te quita. Uno no sabe el momento que debe aprovecharse. Gracias a Dios en esa época salíamos victoriosos y lograba aportar.

¿En algún momento fue considerado como el mejor portero de Norte de Santander?

– Sí. Un periódico local que me hizo la distinción. Siendo sincero, nunca me he creído lo que me dicen, he sido autocritico, después de cada juego pienso que podía haber aportado más. Nunca se me ha subido el ego. Si tienes un nombre y no lo mantienes con trabajo de nada sirve. En esos años Chamitos era imparable y eso también influía.

¿Cómo le fue en España?

– A España fuimos gracias a una fundación que tenía el empresario Eduardo Zapata. En la gira para enfrentamos a Villareal, Valencia, Barcelona, Espanyol y otros clubes. Fue una experiencia bonita. Conocer el nivel de jugadores con la misma edad aportó en la madurez de mi crecimiento personal y profesional. Entendí lo exigente que es el fútbol en ese país.

¿Cómo llegó al Cúcuta Deportivo sub 20?

– Después de jugar en Atlético Bucaramanga. Antes había tenido la propuesta de Millonarios con unos técnicos portugueses. Había acuerdo de ambas partes para estar en el equipo embajador, pero los echaron del club. Luego, mi empresario me llevó a América, pero había muchos arqueros. Más adelante, llamé a Michell Ramos y le dije que me pasara el número de David Suárez para presentarme. Desde el primer día llegué y lo hice bien, y me dijo que quería contar conmigo.

¿Se imaginó llegar a ser fundamental en divisiones menores?

– Mi sueño ha sido dejar un nombre en Cúcuta, ser ídolo, recordado. No pienso que haya sido influyente en la historia de las divisiones menores del equipo. Se marcó un antes y un después del Cúcuta 2018, porque demostramos que éramos un equipo importante, quedamos en la retina del fútbol colombiano y dimos un nombre que merecía la institución.

¿Que tenía ese grupo del 2018 que llegó a la final de la Super Copa Juvenil Sub 20?

– Era una familia. Lo que era con uno era con todos. Nos respetábamos dentro y fuera de la cancha. David Suárez fue un padre para nosotros, nos brindaba confianza y la respaldábamos. Éramos imparables y eso fuimos hasta el final.

¿Cómo eran los entrenamientos con Leonardo Díaz en la era Pusineri?

– Eran intensos. Nos exigía, teníamos que dar más de lo que eran Jhonny (Da Silva) y Chaverra. Eso me enseñó que se debe buscar una oportunidad con todas las ganas del mundo.

¿Su relación con Lucas Pusineri cómo fue?

  • Es buena persona, buen técnico. Por ser el juvenil tiraba chistes, charlaba conmigo, me preguntaba sobre los juegos. Era abierto a escuchar a todos. Se merece dónde está.

¿Qué le aportó haber compartido con Chaverra y Da Silva?

– Antes de ser compañeros, éramos amigos. Fueron indispensables en mi crecimiento. Estaban con un consejo. Me veían sin guantes y me regalaban, porque sabían que mi sueldo no era mucho. Hablaban, me corregían. Fueron un apoyo inmenso.

¿Fue injusta la finalización de la vinculación con el Cúcuta?

– Me quedó la espina de no poder seguir, demostrar que estaba para jugar como profesional. Nunca me dieron explicación. Por rendimiento, no creo que fue, porque termine como suplente de Chaverra. Se pudo hacer más.

¿Guarda la esperanza de vestir los colores rojinegros en algún momento?

– Mi sueño será vestir los colores del Cúcuta Deportivo. Es un orgullo tener el escudo en el pecho, cantar el himno y sé que volveré para quedarme en una institución que quiero mucho.

¿Cómo llegó a Jaguares de Córdoba?

– Me mandaron la carta de no renovación y mi empresario me dijo que no había mucho campo para moverse, que hay pruebas en Jaguares, era ir a presentarme a ver qué pasaba. Llegué, me trataron bien, demostré y eso dio para que el director técnico Juan Cruz contara en un proceso serio conmigo. Creyeron en mí y estoy vinculado por tres años.

Compartirá con Robinsón Zapata…

– Compartir entrenamientos con el arquero que le dio un título al equipo del que soy hincha, es una experiencia única. Todos los días demuestra su nivel, lo que ha sido su carrera, escucharlo hablar, sus consejos que motivan. Para mí es un ídolo

¿Cómo es su relación José Huberth Escobar?

– Es de los arqueros más completos que tiene la Liga, donde ha jugado ha dejado huella, es ejemplo como profesional y entregado a Dios. Al igual que Rufay. Cuando entreno con ellos guardo silencio y me limito a observar para aprender. Me motivan, confían en lo que hago y que depende mi ganarme las cosas.

¿Si su vida fuera un libro como se llamaría?

– Tengo una frase que siempre me ha ayudado: “Después de la tormenta viene el arco iris”.

¿Cómo podemos describir a Duvan?

  • Como una persona chistosa, humilde, dedicada a la familia, responsable, de buen corazón y presto a ayudar.

JORDY ORLANDO CRUZ

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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