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INFORME ESPECIAL. Músicos callejeros ¿del arte a la caridad?

CÚCUTA.- “Si les prestara mi cuatro a mil personas, mil personas tendrían que saber tocarlo para hacer lo que hago en la calle, mil personas tendrían que saber cantar la misma canción o una mejor a la que canto”. Así defiende su trabajo Darwin Gómez, venezolano de 20 años que emigró en búsqueda de mejores oportunidades laborales.

Los músicos callejeros convierten su arte en filosofía de vida. El inicio de esta modalidad se remonta a la década de los 50, cuando los jóvenes americanos rechazaron la guerra y salieron a las calles a protestar en favor de la paz. En la actualidad son muchos los que ejercen este oficio.

Gómez, o ‘Viscu’, como le dicen los amigos, desde joven decidió que la música sería su estilo de vida. A los 10 años, recibió una guitarra y empezó a instruirse de manera empírica. Posterior a ese aprendizaje interpretó canciones en fiestas de celebración de 15 años y en reuniones familiares.

Daniel Leal, es otro artista callejero. Los padres permitieron que recibiera clases de diversos instrumentos. El conocimiento adquirido en una academia, en Caracas, lo capacitó para ejercer el trabajo. El joven de 18 años desistió de los estudios al conocer a Gómez, quien le propuso trabajar juntos en Cúcuta. Desde entonces tocan en busetas, parques y andenes de la capital nortesantandereana. Leal y Gómez tienen inconvenientes, como todos los compañeros de trabajo, al no obedecer al despertador.

Cuando Rita García y Antoni Méndez no obtienen el dinero esperado atribuyen las pocas ganancias a la hora de inicio de trabajo. Tratan de comenzar a las 7:00 de la mañana. “Al que madruga Dios lo ayuda. Lo primero que hacemos es trabajar, buscamos el dinero y después desayunamos”.

Se esfuerzan en las presentaciones para agradar al público. En una ocasión, Leal se bajó de la buseta sin recibir aplausos, por eso aseguró que “el cucuteño es exigente”. El desempeño en el trabajo lo mide con las expresiones de los espectadores.

Gómez criticó los prejuicios que tienen de ellos. “La gente es cerrada. Te mira como si fueras basura”. Leal continuó: “son apáticos y problemáticos. Uno les dice ‘hermano, nos deja tocar música’ y dicen que no. Minutos después llega un chirrete que les da rollo a los pasajeros y a ese le dicen que sí. Uno al menos lleva un mensaje en las canciones”.

“En nuestro caso deberían apoyarnos, porque lo hacemos para grabar Realidad Brupta”, argumentó Méndez. El hombre de 29 años y su compañera García tienen como objetivo producir un disco en Ecuador. Los intérpretes de jazz, blues y reggae esperan recaudar pronto el dinero necesario para el viaje.

“Cuando estábamos en 11 montamos dos temitas y nos subimos a una buseta”, relató Daniel Baena y Brayan Cabeza. Ese día recaudaron $ 700. Los universitarios sienten admiración y respeto por los artistas callejeros. Cantan en el trasporte público cada vez que el tiempo se lo permite.

García y Méndez ganan entre $ 80.000 y $ 120.000 diarios. El salario mínimo legal vigente por día de trabajo es de $ 21.478. La trabajadora formal Angélica Gómez dijo que “es preferible ganar un sueldo mínimo y contar con prima, cobertura de salud, vacaciones y fondo de ahorro”.

El conductor de buseta Gustavo Rivera sostuvo que “los músicos callejeros ganan más que uno. Son artistas, pero nadie les da la oportunidad, por eso uno tiene que dejarlos que trabajen ahí, que se rebusquen también”. El gremio, en ocasiones, no los apoya. Carlos Figueroa dijo que “a veces no los dejo subir, porque obstaculizan el paso. La buseta es pequeña y los pasajeros se incomodan”.

“La felicidad de ver sonreír a miles de personas gracias a tu trabajo es lo que los músicos callejeros tenemos en común”, afirmó Leal. El joven se opone a que los cucuteños vean su trabajo como caridad. “Sé que parece así, pero no lo es. Esto es un trabajo como cualquier otro. El dinero es por lo que sé hacer, no me monto en una buseta a inventar el cuento del año”.

DIEGO  VÁSQUEZ – SANDRA RODRÍGUEZ – VIANY HERNÁNDEZ

Estudiantes de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: panoramio.com

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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