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El renacer de las estaciones de gasolina

En 1989, los cucuteños notaban cómo las estaciones de gasolina caían en picada, el contrabando las empujaba al abismo. Parecían muertas, o por lo menos, en cuidados intensivos. Hoy, 25 años después, como si salieran bajo pronóstico reservado, recuperaron el sentido y resurgen. Han aumentado las sucursales y renovaron la tecnología.

En esa transición a la década de los 90, eran pocas las bombas de gasolina. Las que llegaron, inicialmente estaban respaldadas por las organizaciones Texaco y Mobil.  Se esparcieron  a lo ancho y largo de la ciudad. Al mismo tiempo, Venezuela tenía la moneda local fuerte.

Los pobladores llenaban los vehículos en las estaciones. Los paseos familiares o pasionales eran habituales en la calurosa región. El sol siempre se ha caracterizado por abrazar y al mismo tiempo abrasar a los citadinos. En aquellos años, el interés por lo que ocurría en la sociedad, era más común y se sentía el ambiente de solidaridad en el aire. Poco a poco, los inconvenientes y apuros -que aumentaban en la ciudad- hacían que las necesidades se saciaran de una u otra manera.

Así llegó el subempleo del ‘pimpinero’, que no era más que aquél que compraba gasolina económica de contrabando, vendiéndola a un precio más elevado del que la conseguía y  menor  al que la ofrecían en las estaciones de servicio. Con esa manera de operar, se ubicaron en los barrios sin llamar la atención de la seguridad institucional.

El combustible ilegal provenía de Bucaramanga, recordó Josué Castillo, mecánico de profesión, de 60 años. “En Villa del Rosario siempre existieron los ‘pimpineros’, acá nunca pusieron una bomba”.

El pasar de los meses hizo que las bombas perdieran clientela, mientras los ‘pimpineros’ aumentaban en cantidad y en carisma. La  población llenaba de “sentido común” estas prácticas y aportaba para que permanecieran ¿de qué manera? El aporte puede ser algo tan sencillo como aceptar y aprobar estos hechos, o económico como comprarles la gasolina.

Cada estación de servicio recortaba el personal de trabajo. Era así como por cada tres desempleados, uno entraba en la informalidad. Las estaciones ‘Mis Amigos’, en la Diagonal Santander; ‘Multillantas’, en la avenida séptima vía al aeropuerto, y ‘Texaco-1’, en la avenida primera, aceptaron con valentía el reto de competir contra esta clase emergente de trabajadores.

Cada año crecía notablemente el trabajo informal, y a su paso seguía la crisis financiera de las estaciones de servicio. Era limitado el interés de la gente para revivir lo que en un tiempo fue “el auge de las estaciones”.

El ahorro de dinero al comprar combustible ilegal se descompensaba con la llegada de la cuenta alta en lo referente a repuestos y mantenimiento de los vehículos. La manipulación y el trasporte de gasolina es delicado, pero eso no importa para los que contrabandean. La gasolina se llena de tierra y le cae el 60 % de las partículas que contaminan el aire, o la mezclan con agua para hacerla rendir y ganar más dinero.

Vecindarios enteros entendieron el daño y decidieron comprar combustible de la manera más sana: en las estaciones de gasolina. En muchos barrios seguían instalados los ‘pimpineros’ en las esquinas o cerca a las canchas principales de cada localidad. Pasaron los años y los propietarios de vehículos tomaron consciencia sobre la importancia de las bombas.

En el sigo XXI, de los 800.000 habitantes de Cúcuta, aproximadamente 100.000 tienen vehículos que circulan en la ciudad. Esta es una variable para que se incrementen las estaciones de servicio. Otra, y tal vez la más importante, es la falta de gasolina al terminar cada mes.  “El cupo por estación en el país es de 12 millones de galones, acá el cupo es de 3,5 millones de galones. La cantidad restante, la venden los ‘pimpineros’”,  aseguró Oswaldo Palacios, administrador de la estación ‘El Camionero’, afiliada a Terpel.

En el 2009, el Ministerio de Minas y Energía calculó el ingreso de 3,0 millones de galones por mes a Norte de Santander, provenientes de Venezuela. No solo el ciudadano del común aprovecha el uso de las estaciones de servicio, también lo hacen automotores particulares, públicos y afiliados a empresas.

Son necesarias más estaciones de servicio en la ciudad, o por lo menos, que aumenten el cupo de gasolina por cada estación. La diferencia con el resto del país es abismal. Esta variable del contrabando, unida con la del desempleo son las principales responsables de que el crecimiento económico departamental esté estancado. La gestión que ejercen los administradores de las bombas locales ante el gobierno local para que aumenten los cupos, ha sido compleja y constante. Por el momento, solo les queda esperar el aumento de los cupos. Mientras tanto, a Cúcuta diariamente ingresan 26.000 barriles de combustible ilegal, procedentes del hermano país.

DANIEL JULIAN PARRA

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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