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DEPORTE AFICIONADO. Jaque mate al aburrimiento

CÚCUTA.- Al caer la tarde en Cúcuta, centenares de hombres y mujeres transitan por el parque Mercedes Abrego, habitualmente ocupado por prostitutas, expendedores de drogas, indigentes y delincuentes. Al frente, por lo que llaman ‘La calle ciega’, hay seis cervecerías y justo en medio un restaurante, donde después del medio día cambia de función y se convierte en club de ajedrez. Aquí, a diario, 20 hombres, la mayoría de la tercera edad, se dan cita para darle jaque mate al aburrimiento.

El deporte ciencia tiene millones de adeptos en el mundo. Lo curioso es que a este lugar se dirijan de cualquier parte de la ciudad hombres capaces de olvidar los problemas por más de ocho horas y quemar neuronas para derrotar al contrincante. El premio, un café, no pagar el tiempo consumido y el reconocimiento del público que está expectante de cada movimiento de las fichas.

Doña María es la dueña del negocio hace cuatro años. La impresiona  que las diferencias sociales no les impidan pasar un buen rato. “Acá viene todo tipo de gente a jugar”. La muestra es que Óscar, dueño de la franquicia de Totto en Cúcuta, y solo juega con Pedro, lustrabotas en el parque Santander. Orlando es el mejor de todos, y a pesar de esa característica siempre paga la cuenta. Al lugar asisten pensionados, rebuscadores, cambistas y domiciliarios. “‘Kike’ Rivera viene constantemente a divertirse”.

Jesús Sana, conocido como ‘Mi pez’, dijo que con frecuencia cuando juega una partida y pierde regresa a casa y en la noche solo piensa en qué se equivocó. Al despuntar el nuevo vuelve a sumergirse en este mundo.

La tarde avanza entre el bullicio de los establecimientos aledaños. Esto no es impedimento para que la concentración sea máxima. Las miradas de los jugadores  se pierden en la complejidad del tablero y el silencio  solo es roto por las voces  graves y carrasposas que cantan “jaque” y ponen en apuros al oponente.

Orlando Sepúlveda, jugador habitual, dice que no se sabe a ciencia cierta cómo surgió el ajedrez. El abuelo le decía que hace cientos de años un rey, en algún lugar de Asia, triste y desconsolado por la muerte de la esposa envió un mensaje a los súbditos y les dijo que quien fuera capaz de hacerle olvidar el dolor le daría todo lo que pidiera. Llegaron de todas partes del reino infinidad de inventores con juegos de toda clase. El rey no se interesaba por ninguno.

Pasaron semanas y las posibilidades se agotaban. De repente, un desconocido puso ante los ojos de su majestad un extraño juego de estrategia, cuyo fin era iniciar una guerra entre reinos. El rey que quedara inmóvil sería vencido. Aquel hombre cautivó tanto al monarca, que decidió darle la mitad del reino. El tipo no lo recibió y a la pregunta de cómo podía pagarle, respondió “solo quiero que me des dos granos de trigo por el primer cuadro del tablero y lo multipliques por el mismo en el segundo, y hagas lo mismo en cada casilla del juego.

Entonces, fueron citados los matemáticos del reino para que hicieran la operación que tardó días y nunca tuvo resultado exacto. La cifra resultó incalculable. El rey supo que era un sabio y lo mantuvo hasta la muerte como la mano derecha en el reino.

Trascurren cuatro horas y el lugar permanece lleno. Jugadores y curiosos están fascinados con las atrevidas combinaciones ejecutadas por los experimentados. Es casi imposible ubicarse en la ciudad al allí, el contexto es distinto a lo que sucede afuera.

Cae la noche. Nadie se muda de aquel lugar, siguen ahí, ansiosos. Lo único que interrumpe el juego son las idas al baño, causadas por la edad y por el alto consumo de café. La vida en el ajedrez pasa rápido, comentó Franco, el de mayor edad entre los ajedrecistas. Recordó que cada noche sale del negocio a las 11:00, toma un taxi y llega a casa. El ajedrez es su vida.

Llega la hora de cerrar. Es de admirar que los jugadores, pese a que son las 10:00 de la noche, no quieren conectarse al mundo real, quisieran vivir sumidos en esa guerra, una menos cruel que la que vivimos día a día en este país, una que sólo cuesta unas monedas y las únicas víctimas son fichas de plástico, que vuelven a la normalidad después de armar otra vez el juego.

KIMBERLY TATIANA SOLANO

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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2 comentarios

  1. Pedro L. Jáuregui Á.

    Rafael, buen trabajo; por favor entregar a Kimberley mi concepto sobre su trabajo.

  2. Este trabajo no lo hizo ella, esto lo redacto Aldair Salazar

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