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Niños y adultos esperan por la ayuda oficial.

DEPORTADOS DE VENEZUELA. Una vida cargada de incertidumbre y pobreza

 

CÚCUTA.- “Entre las 3:00 y las 5:00 de la mañana nos dieron plomo”. Es la nueva queja de los deportados desde Venezuela, que llevan una vida cargada de incertidumbre y pobreza. Diez hombres armados los ‘espantaron’ del terreno que habían ocupado de hecho, en procura de cumplir el anhelo de tener techo propio en Cúcuta.

En agosto, el presidente Nicolás Maduro ordenó desalojar las viviendas ocupadas por colombianos en los municipios fronterizos. Cientos de familias debieron abandonar los bienes materiales y huir al otro lado del río Táchira. Unos, vivían en San Cristóbal; otros, en San Antonio, Rubio, Ureña.

Después de pasar esos tragos amargos y soportar las humillaciones proporcionadas por los guardias bolivarianos, se sometieron a las inclemencias en los albergues adaptados en colegios de Cúcuta y Villa del Rosario. Ahí, recibieron atención médica, alimentos y aportes económicos para pagar tres meses de arriendo. El tiempo pasó, el dinero se acabó y los contratos vencieron.

Ahora, soportan la tercera etapa del desarraigo. En grupo llegaron al parque Santander para dejarse ver y contar por parte de la administración municipal. Buscan ayuda, exigen una casa digna para vivir y claman porque los tengan en cuenta en los programas sociales de la Alcaldía. Trajeron colchonetas como las que utilizaron en los albergues y las tendieron frente a la estatua del Hombre de las Leyes.

Marlene Ortiz Páez es madre cabeza de hogar. “Esto era algo que se veía venir”, lo dijo al mirar cómo los niños corretean por las baldosas de la plaza principal. Al otro lado de la calzada está el palacio de la Alcaldía. “El gobierno municipal anterior no hizo nada por los deportados”, dijo la mujer, vocera de los desposeídos.

Los programas previstos para ayudar a esta población incluyeron estudios en el Sena sobre oficios. El objetivo era que al terminar la preparación consiguieran trabajo. “Muchos hicieron dos o tres cursos y en vez de ayudar al terminar el curso nos sacaron como perros, no nos hicieron ni acto de grado”, dijo con tristeza esta mujer que tiene a cargo cinco hijos y un sobrino. “No he recibido el cartón.  Lo último que dijeron en el Sena es que estaban aburridos de nosotros”.

Veintidós familias están en la calle y pronto saldrán más, porque se les han cumplido los arriendos. El vaticinio es que el sábado la cifra llegue a 100 y el lunes a 120. “¿Cómo es posible que estemos durmiendo en la calle?”, se preguntó Marlene Ortiz. Otra mujer, también con el dolor de madre a flor de piel denunció que en Bienestar Familiar la amenazaron con quitarle los hijos. ¿La razón? “Porque no tenemos dónde dejarlos. Uno está acá no porque quiere, sino porque no hay para dónde ir. Uno no se vino de Venezuela porque quiso”.  Es el lamento matizado con desesperación.

Marlene Ortiz en San Cristóbal era bachaquera. Dedicaba las horas a hacer fila en supermercados para comprar productos de la cesta básica y luego revenderlos a mayor precio. Así se ganaba la vida. En Cúcuta ha tenido pequeños empleos en aseo y limpieza de viviendas, pero se acabaron las oportunidades. En los periódicos locales salen ofertas de trabajo con múltiples requisitos, que esta gente no puede cumplir porque no tienen referencias laborales. Ninguno ha trabajado en Colombia.

La mayoría de los desplazados dormía en el parque de El Rodeo. Allá, los amenazaron y los sacaron a plomo. “Prefiero estar aquí, porque si me matan por lo menos me ven y me recogen rápido”, dijo con ironía Marlene. Les dieron un tiempo prudencial para largarse, porque no permitirían que ocuparan el puesto de salud.

Después de terminar el contrato de arriendo quedaron a la deriva. Buscaron un terreno en la periferia cucuteña y lo ocuparon. De ahí también los sacaron a bala. “La policía lo sabe y el secretario de Gobierno lo sabe”. Llegaron a un acuerdo para que salieran a otro sitio.

Un hombre, desconocido, se acercó al grupo y preguntó si eran deportados o desplazados. La respuesta es que estaban en las dos condiciones. Los orientó para que tomaran otro lote sin dueño. Le creyeron al ver que en el lugar había más familias. A las 3:00 de la mañana el dueño del predio mandó a 10 hombres a que los sacara a tiros. “A todo el que se ha metido lo han sacado a plomo. De 3:00 a 5:00 de la mañana nos dieron plomo”.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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