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CRÓNICA. Parque Lineal, ‘la tierra del olvido’

CÚCUTA.- El día apenas comienza y el ruido de las primeras busetas es el despertador de los casi 80 habitantes de calle que duermen en el Parque Lineal, en el centro de Cúcuta. La mugre y el licor se apoderaron del lugar, que en una época fue el mercado central. Aquí en la avenida 6 con calle 6, jóvenes y ancianos sobreviven lejos de la sociedad.

‘La Güicha’ Rosa no recuerda en qué momento llegó a este sector de la capital de Norte de Santander, donde buscan refugio aquellos seres que han perdido la esperanza de vivir. Algunos ‘vecinos’ de infortunio dicen que lleva más de 20 años, pero el dato no es seguro.

“Usted, no más nómbreme y todos saben de mí”, dijo la anciana. Después, con la frescura que da esa condición infrahumana despachó la frase que repite a diario, “amor regáleme mil pesitos”. Dinero que no sirve para llevar el sustento a casa, sino para ahogarla en el vicio que aprendió décadas atrás.

La mayoría de los ‘habitantes’ del parque pide monedas para comprar  ‘un chorro’ de Caponera, aguardiente venezolano con 40 grados de alcohol. Esta bebida es la apetecida por esta población que permanece borracha las 24 horas, porque ha perdido el sentido de la vida. Otros, no descartan cualquier otro licor y beben hasta guarapo, preparado de manera artesanal (casero).

Dos o tres juntan la limosna recibida y, a pocos metros, encuentran al expendedor del aguardiente. “Todos ponen, todos toman”, dijo Rosa y soltó una carcajada. La hora promedio para empezar el consumo de licor es a las 5:00 de la mañana. A partir de ese momento viven embriagados, sin importarles nada. Algunos están enfermos de tuberculosis y cirrosis por la mala alimentación y el consumo constante de alcohol.

Los que se animan a hablar manifiestan estar abandonados y el olvidos por las familias y hasta por el gobierno. “Para el Alcalde somos desechables”, dijo un joven indignado por el rechazo oficial que reciben con frecuencia.

Albeiro se acercó y relató apartes de su vida. “Trabajé por más de 15 años en el restaurante La Embajada Antioqueña”, también  fue cocinero. En varias ocasiones se ha internado en la fundación El Camino. Martín manzano, líder del centro de rehabilitación para drogadictos, lo ha buscado, pero no se va por vergüenza.

Hay un silencio en la conversación para recordar. De repente, una riña metros atrás interrumpe las reflexiones de Albeiro. Dos compinches se van a las trompadas en plena vía. El limpiabotas y el otro sujeto quedan lesionados tras la pelea. Nadie interviene, al parecer es la rutina.  “Por acá casi no vienen los tombos (policías)”, dijo Albeiro.

Hace otra pausa, mira de un lado a otro y recuerda a su amigo ‘El Gato’, asesinado en el parque Colón mientras dormía. Alrededor, están los compañeros inertes, dormidos en cualquier baldosa del lugar a pleno rayo del sol.

En el 2005, durante el gobierno de Ramiro Suarez Corzo (2004 – 2007), se llevó a cabo el plan de desalojo del mercado La Sexta.  En la administración de Donamaris Ramírez se propuso el lugar como solución temporal para los comerciantes informales. Al final, solo los habitantes de calle son los que ocupan el parque. Del espacio que se pensó dotar a la ciudad no queda nada. Los cucuteños no lo frecuentan por miedo.

Carlos, pintor grafico de profesión, se unió a la charla. Señaló que los vendedores de alucinógenos les han “calentado el parche”, debido a la muerte de ‘Rampuche’ y ‘Chacarrón’, dos miembros de esta comunidad. La pregunta alrededor de este problema social es ¿quién solucionará las condiciones inhumanas que viven estos seres? porque “aquí todos mueren injustamente”.

Martín Manzano, director de El Camino, les brinda ayuda a los habitantes de la calle hace 18 años y desde entonces “trabajo con las uñas”. Y deja en el aire otro cuestionamiento “¿cómo es posible que en una ciudad que se habla de macroproyectos se hayan dejado a un lado la dignidad humana y el bien del pueblo?”.

‘La Güicha’ Rosa, Albeiro y Carlos hacen parte de esta población que no encuentra la mano amiga para dejar el vicio y recobrar la vida que se les escapa con cada chorro de aguardiente Caponera.

HAROLD JOHAN SIERRA

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: RAFAEL YAMIT PABÓN

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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