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Labrar la tierra y producirla es para héroes, no es suficiente con ser todo un varón. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

CRÓNICA. El peor campesino de Juan Frío por un día

VILLA DEL ROSARIO – Norte de Santander.- Ser campesino en Colombia durante su desarrollo histórico no ha sido fácil. Sin embargo, quienes son de cepa dicen que es la mejor experiencia de la vida. Ser campestre y vivir entre la naturaleza y la producción del agro es cargar con la responsabilidad de ofrecer las mejores frutas y verduras.

Increíblemente, comparado con el Boletín del Consumidor por Tal Cual, donde se ven solo precios de frutas y verduras existentes en el campo norte santandereano, en ningún momento se muestran las gotas de sudor y sangre de estos guerreros para sacar los productos a las centrales de abastos. En últimas, estas empresas se quedan con los créditos de nutrir y ser la cara más bonita del negocio.

La huerta de don Víctor queda en el corregimiento Juan Frío (Villa del Rosario). Solo escuchar ese nombre a muchos les eriza la piel y trae momentos no tan gratos. El viaje hasta el predio se hace en transporte pirata. El corregimiento se siente orgulloso de vender las mejores cachamas y ser tierra productiva. Tal vez la de más futuro industrial en el municipio histórico.

Lo primero que se ve al poner los pies en esa tierra es una culebra sin cabeza, no muy grande. Lo peculiar es que era verde, con negro y gris, así como algunos colores del ejército colombiano.

Al mirar a la derecha se ven los cultivos de yuca y a la izquierda los de cilantro. “Sigan caminando”, las ordénenos del jefe. En la mano derecha se lleva por cábala la gasolina para la motobomba y para regar los cultivos; en la izquierda, el desayuno, el almuerzo y la media tarde.

Durante el camino se olfatea el delicioso olor a excremento de vaca, el sonido de los riachuelos, los cánticos en función  de ópera de los pajaritos y la motosierras que abren las trochas. En la ciudad se olvida que la mayoría procede del campo, y que oler excremento de vaca, comer caña de azúcar y comerse los mangos que alcance a bajar, también es felicidad.

El ritual no se entiende en la totalidad. Cambiarse la ropa, amarrarse la camisa en la cabeza y una extraña oración para la tierra es la representación con la deidad en la tierra, la física pacha mama.

Cuando Víctor habló de eliminar cada una de las matas que alteraban el desarrollo de la siembra se vino el mundo encima. ¿Cómo pensaba este señor que en el primer día de trabajo rendiría tanto, si son muchas hectáreas?

Pensaba que en la ciudad la gente actuaba como máquinas, pero ver trabajar a este hombre de más de 60 años a ritmo frenético da a entender que el mecanicismo campesino es de otro nivel. En ese momento la enseñanza que queda es que en las grandes ciudades solo hay excusas baratas y malas.

A unos 200 metros,  pasa el río y puede escucharse cómo la corriente choca con las rocas y cómo se abraza el agua con la arena de las orillas. Muy maluco cumplir jornada con ese calor tan bravo y nada de asomarse por allá. Dan ganas de pegarse un chapuzón, ¡Que cilantro, ni que nada don Víctor!

Labrar la tierra y producirla es para héroes, no es suficiente con ser todo un varón. Cada movimiento que se haga con la naturaleza es un discurso de cordialidad que debe transmitirse al habitad, es como tocar con sensibilidad y sensualidad las curvas de una hermosa mujer.

Cuando el final de la jornada empezó a llegar los obreros no dan más. A pesar de ser una experiencia enriquecedora es mejor  dejársela a los héroes de pantalones de tela, camisas blancas, uñas llenas de tierra y sombreros largos. Hay trabajos duros y artes difíciles, pero este no tiene comparación.

Hace pocos meses Nairo Quintana dijo Del campo aprendí que no se deja de sembrar, simplemente porque la cosecha no salió”. Lo que nunca dijo Nairo es que sea tan verraco ser campesino. La complejidad de sus conocimientos naturales me cacheteó en pleno paraíso verde. Por allá a sembrar no vuelvo, eso es muy verraco.

A don Víctor, seguro, jamás se le pasó por la cabeza contratar asistente, y después de ese día entendió que sería una amenaza para las hectáreas. El campo es de estos héroes de sombrero parea protegerse del sol, uñas negras y sonrisa gigante, como el campo colombiano.

ISMAEL CAICEDO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Se me erizó la piel leyendo esto.

    excelente!!!

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