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CRISIS EN LA FRONTERA. Pague mil pesos y vea otra realidad

CÚCUTA.- Cincuentaiséis conductores de buses que cubrían la ruta Aguas Calientes – Ureña (Venezuela) – Cúcuta (Colombia), sufren las consecuencias de la crisis fronteriza. La empresa Trans Oriental, ahora, solo dispone de nueve vehículos para el trasporte de pasajeros entre los municipios limítrofes. El desempleo ha tocado a gran parte de los choferes, que buscaron oportunidades en otros oficios. Pasaron a ser taxistas o comerciantes. Están dispuestos a trabajar en lo que salga para afrontar la situación.

Efraín Blanco Sanabria, conductor, dijo que los $ 80.000 o $ 90.000 diarios que hacían quedan la memoria. “Escasamente, alcanza para la administración que debe pagar el bus y muchas veces no queda ni para el jefe. Los otros quedaron guardados en un garaje. Los perjudicados somos nosotros. Se trabaja a perdidas”.

Las familias deben solventar los gastos con $ 10.000 al día y abrigar la esperanza que el hombre de la casa consiga otro empleo, porque la edad de la mayoría da para pensar que no los aceptarán en otros quehaceres.

En el trayecto a la Terminal, el bus recoge a siete u ocho usuarios. En Escobal deja a los pasajeros, buena parte de colegiales y universitarios, que viven en Ureña. Antes del cierre del puente Francisco de Paula Santander, ordenado desde Caracas por el presidente Nicolás Maduro, faltaban puestos en cualquier horario de la ruta. Hoy, la hora pico es la única buena y quien la tenga podrá ganar otros pesos.

El pasaje cuesta $ 1000. Aunque parezca económico, comparado con las busetas, no es usado con frecuencia. Antes del 17 de agosto, valía $ 1600 (7000 bolívares) el intrafronterizo. Colombianos y venezolanos viajaban, por lo menos, para comprar almuerzo, porque tenían buen sueldo mensual. El comercio y otras actividades alentaban el uso de los buses.

Otro inconveniente es la hora de recoger pasajeros en la Terminal. La Universidad de Pamplona dispuso de transporte gratis para los estudiantes. Mientras la alegría es para los jóvenes, la preocupación nace entre los conductores al observar las sillas vacías al empezar el recorrido.

Estos hombres, desde temprano, buscan el pan diario. En cada esquina giran la cabeza como ventiladores en procura de esos pasajeros que completarán la ganancia. El recorrido empieza en la glorieta  de El Escobal y pasa por el peaje. Van despacio por la avenida que lleva a los barrios Viejo Escobal, San Martín, Prados del Este, Villa Camila y San Luis. Llega a la glorieta de San Mateo, reduce la velocidad y otros dos o tres usuarios suben al autobús.

Baja por la Diagonal Santander, la fuente luminosa, la calle sexta y el estadio General Santander. Hace parte de los trancones. Se detiene en los semáforos en rojo, se escucha el pito angustioso de los choferes particulares, el sudor, el calor, el estrés, el hambre y la sed se sienten con intensidad. El viaje está por terminar en la Central de Transportes. En el trayecto pueden gastarse horas o minutos, todo depende del tráfico.

Este es uno de los efectos del cierre de la frontera. Antes, cada cuatro minutos se podía encontrar un bus con destino a Venezuela. Ahora, la frecuencia es mayor. Las franjas amarillas y naranja combinadas con el verde, son los colores característicos de los buses que tenían licencia para cruzar la línea divisoria entre Colombia y Venezuela.

El interior espacioso y la doble puerta,  son parte del olvido. Pueden pasar hasta tres horas y el panorama será el mismo. Los escasos pasajeros entran y salen en medio de esos recuerdos fronterizos. Hombres y mujeres hablan. “¿Cómo va todo por allá, en Ureña? ¿Cómo hace para pasar? ¿Usted que va a hacer por allá?”. Las respuestas son idénticas. “Apenas pase todo esto, no me quedo en Ureña”, “eso es una soledad que da miedo”.

Ni los vendedores de dulces que entran al bus a ofrecer sus productos están exceptos de la crisis, porque no tienen a quién venderle. Por momentos el bus queda vacío, en medio de los recuerdos fronterizos.

PAULA PEÑA

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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