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CHARLAS CON… Manuel Del Socorro Rodríguez, el periódico fue un canal de expresión

Don  Manuel Del Socorro Rodríguez es considerado el padre del periodismo en Colombia. En su honor, el 9 de febrero se celebra el Día del Periodista, para recordar que en esa fecha vio la luz el ‘Papel Periódico de Santafé de Bogotá’. En ese momento se inició, formalmente, el ejercicio del oficio en el país. Era viernes de 1791 y, sin interrupción, aparecieron 265 números de 8 páginas, en formato de octavo. El 6 de enero de 1797, dejó de circular por razones parecidas a las que en la época afrontan los medios de comunicación escritos.

Hoy, con ocasión de la cercanía de la fiesta de los ahora comunicadores sociales, se logró esta entrevista virtual.

¿Fecha de nacimiento?

3 de abril de 1758, en  Bayamo (Cuba)

¿Qué recuerda de su infancia?

Quedé huérfano a muy corta edad. Me tocó hacerme cargo de las dos hermanas y de mi madre.

¿Cómo sobrevivió en esa época?

Ejercí el magisterio, la carpintería y la talla de madera. Estos oficios los aprendí de mi padre.

¿En los tiempos libres a qué se dedicaba?

Aprendí por mi cuenta dibujo, pintura, caligrafía y humanidades. Eran mi pasión. Leía y escribía cinco horas diarias, quitándole tiempo al descanso.

¿Cuál fue la recompensa por esta dedicación?

En octubre de 1778, obtuve el título de aptitud. En 1784, pude trasladarme a Santiago de Cuba. Presenté exámenes en humanidades y en 1789 conseguí la pensión anual de 180 pesos otorgada por la Corte.

¿Cómo hizo para salir de Cuba?

Eran otras épocas. Conocí al gobernador de la isla brigadier José de Ezpeleta, nombrado, en 1789, virrey de la Nueva Granada. Me invitó a acompañarlo y acepté.

¿En qué momento llegó a estas tierras?

Llegué a Santafé de Bogotá el 18 de octubre de 1790. Siete días después, fui nombrado bibliotecario público,  con una asignación anual de 400 pesos.

¿Cómo le fue en esa aventura?

Vivía pobremente, en un cuarto que adecué como vivienda en la Biblioteca. Desde mi posesión me dediqué a recontar, inventariar y reorganizar los fondos bibliográficos, y a profundizar y escribir sobre los temas que me interesaban.

¿La sociedad santafereña lo aceptó?

Junto con algunos caballeros y damas fundamos la tertulia Eutropélica. Además de dar a conocer mis escritos, estudiábamos diversos temas relacionados con las humanidades.

¿Cómo surgió la idea de fundar el periódico?

De esa tertulia nació la idea de fundar el Papel Periódico de Santafé de Bogotá. Ese es el inicio formal del periodismo en Colombia.

¿Qué periodicidad tenía?

Semanario. Vio la luz el 9 de febrero de 1791. Salieron 265 números de 8 páginas, en formato de octavo. El 6 de enero de 1797 se apagó.

¿Dónde lo imprimía?

Inicialmente, en la imprenta de Bruno Espinosa de los Monteros. Luego, en la Imprenta Patriótica de Antonio Nariño. En 1794, volvimos a la Imprenta de Espinosa.

¿Cómo se hacía periodismo en esa época?

No faltaron las dificultades técnicas, económicas y de distribución. Pero el periódico fue un canal de expresión de los granadinos y, en especial, de los santafereños.

¿Recuerda a algunos de los colaboradores?

Dígame. Escribieron algunos de los connotados próceres: Antonio Nariño, Francisco Antonio Zea y Francisco José de Caldas, entre otros.

¿Sobre qué versaban los artículos?

La temática era diversa. La vida cotidiana y social de las colonias, el rescate de ciertos valores literarios coloniales, la actividad militar y civil de la metrópoli y sus posesiones, los desarrollos de la ciencia y el saber eran algunos asuntos tratados.

¿Un trabajo en especial?

Le doy dos. José Celestino Mutis publicó, aunque incompleto, ‘El Arcano de la Quina’, su más connotada obra científica, y Pedro Fermín de Vargas, el estudio sobre el guaco.

¿Después hubo otro periódico?

Sí. Por solicitud del virrey Antonio Amar y Borbón, creé El Redactor Americano, era quincenal. El primer número apareció el 6 de diciembre de 1806. Se terminó el 4 de noviembre de 1809.

¿Qué que le quedó de ese segundo periódico?

El Redactor tuvo un suplemento, El Alternativo. Con los dos cumplí el sueño de conformar la Biblioteca Americana. El fin era reunir a los escritores criollos, como una demostración de que las letras y las artes prosperaban en el país.

¿Y de las regiones también se informaba?

Lógico. Me preocupé por dar a conocer las regiones del virreinato y parcialidades americanas, en la cultura, la economía y la administración. También, informé acerca del desenvolvimiento de las rebeliones negras en el Caribe: Jamaica, Haití y las Antillas; di cuenta de la fracasada expedición libertadora de Francisco Miranda a territorios venezolanos.

¿Cómo veía al Nuevo Continente?

Era un mundo lleno de posibilidades, pero había que sacarlo de ese aire de fábula, ficción y misterio en que lo había envuelto el Descubrimiento.

¿Qué pensaba de la conquista y colonización?

Tales procesos arrasaron con las culturas indígenas. A lo que contribuyeron la religión y las ansias de fortuna de los conquistadores.

¿Además de periodista, qué otras áreas promovió?

Promoví el conocimiento de lo propio, mediante el estudio de la antropología, la arqueología, la lingüística y la historia.

¿Cuándo le llegaron las ‘vacas flacas’?

Luego del grito de Independencia del 20 de julio de 1810, la situación económica se complicó. El nuevo gobierno dejó de pagarme el sueldo de bibliotecario. Viví de la caridad pública.

¿Hubo algunos trabajitos, por ahí, de ayuda?

Sí, por supuesto. Ejercí como redactor de la Constitución Feliz, órgano oficial de la Junta Suprema; fui miembro del Colegio Electoral de Cundinamarca y colaboré en el gobierno de Antonio Nariño.

¿Qué problemas le acarreó la reconquista española?

En 1816, me vi en serio peligro, pues podía ser fusilado por participar en los gobiernos rebeldes. Puse en la biblioteca un cuadro de Fernando VII, estrategia que me salvó de morir.

¿Después qué hizo?

A partir de ese momento me dediqué a cuidar la Biblioteca y a leer. Además de la ayuda económica que recibía de las familias Álvarez y Lozano de Peralta, vendía  dibujos para sobrevivir.

¿Cómo fue su final en este mundo?

Morí en la pobreza. Los habitantes de la capital tuvieron que hacer colecta para el entierro. Eso ocurrió en Santafé de Bogotá, el junio 3 de 1819.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Artículo adaptado del trabajo publicado por José Eduardo Rueda Enciso en:

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/rodrmanu.htm

 

Foto: phoenixliteraturaarteycultura.blogspot.com

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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