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“En el Táchira, la situación creada desde agosto de 2015, con el cierre de la frontera, presenta otras características que profundizan la crisis”. Foto: DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL.

CARTA PASTORAL. El gozo espiritual de ser pueblo

SAN CRISTÓBAL. Venezuela afronta una crisis social, económica y política, agravada por la descomposición moral, el relativismo ético y una subcultura de la muerte. Esa es la radiografía del país que presenta el obispo de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta del Valle Rodríguez, en la carta pastoral ‘El gozo de ser pueblo’, dirigida al presbiterio, fieles cristianos laicos, religiosas y ciudadanos de buena voluntad de la diócesis.

“En el Táchira, la situación creada desde agosto de 2015, con el cierre de la frontera, presenta otras características que profundizan la crisis”, escribió el prelado en el extenso documento revelado a comienzos de semana.

El deterioro continuo de la situación, marcado por la  inflación, la inseguridad y el desabastecimiento, ha creado una peligrosa atmósfera de confusión y desesperanza entre la población. La falta de encuentro y diálogo entre los factores políticos agudiza el problema, a lo cual se unen la indiferencia y el conformismo de amplios sectores y la apuesta de algunos grupos a formas de violencia para sembrar caos como si con eso se consiguiera la superación de la crisis.

“La gente siente desesperanza y confusión, porque lejos de verse una luz, el panorama se ve oscuro”. “Los sacerdotes, laicos, religiosos, religiosas, conscientes de nuestra vocación de “ser luz en el Señor” (cf. Efes 5,8) debemos meternos a fondo en el tejido social y ayudar a vencer la oscuridad, sin miedo y con total decisión”.

Dentro de esa situación de oscuridad vuelven a sentirse algunas maneras de opresión y surgen otras nuevas que atentan contra el pueblo. Pueden tipificarse en cuatro grupos:

1.- De tipo político. La imposición de modelos políticos sin diálogo ni resonancia en las bases populares; la reafirmación del personalismo político, mediante el continuo recurso a una deformada imagen de “mesías” o caudillos, de tiempos pasados o de nuevo cuño,  quienes serían siempre los salvadores; el afán por la toma o conservación del poder, el populismo, la polarización y los intereses particulares de unos pocos. El producto de estas opresiones es claro: se cercena, se prescinde y se elimina el protagonismo del verdadero sujeto del quehacer social y titular del poder soberano en la República, como lo es el pueblo, el cual incluye a todos los que le conforman.

2.- De tipo económico. El modelo rentista y clientelar de la economía, el deseo del dinero fácil y un inadecuado enfoque en la política de subsidios, el ansia desmedida por poseer, el énfasis de unos pocos en una cultura del bienestar en perjuicio del bien común, el aprovechamiento de unos cuantos que incluso elevan los costos de los productos, el empobrecimiento de las mayorías… El efecto de estas opresiones también es claro: se prescinde del sujeto “pueblo” quien, en comunión con todos los sectores del país, puede y debe hacer posible una economía de solidaridad, predicada por la Iglesia y propuesta en la Constitución Nacional, donde todos participan equitativamente de los bienes de la tierra.

3.- De tipo ético. Nacen del menosprecio declarado hacia la dignidad de la persona. Son creadas y sostenidas por quienes apuestan por una estructura social de pecado caracterizada por la muerte y la violencia: el narcotráfico, creciente y vinculado a carteles internacionales; el alto índice de consumo de estupefacientes y otras substancias narcóticas; delincuencia organizada, con sus azotes de inseguridad, sicarios, bandas armadas, grupos irregulares, comerciantes de la maldad y promotores de la vida fácil; la proliferación de juegos de azar y de apuestas ilegales; el hedonismo;  la promiscuidad sexual;  la pornografía; el tráfico de personas; la trata de blancas; el contrabando; la corrupción; el aborto y la destrucción del matrimonio y la familia. Todo esto lleva a desvalorizar al sujeto “pueblo”, pues se desprecia e impide la centralidad y dignidad de la persona humana.

4.- De tipo religioso. El recurso a espiritualismos y expresiones piadosas con falsas esperanzas centradas sólo en intervenciones “milagrosas” de Dios, la Virgen y los santos; el llamado a la oración sin compromiso personal, testimonial y evangelizador; el fundamentalismo, el fanatismo, el divorcio entre la fe y la vida, el recurso a la resignación fatalista, el olvido y desconocimiento del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia; la inconsciencia de quienes se valen de la religión y aparentan ser buenos cristianos delante de la gente pero son socios de prostíbulos y bares, pertenecen a mafias y promueven el aborto; la manipulación que se pretende hacer de la Iglesia al quererla asociar a opciones partidistas de cualquier tipo; la falta de compromiso de muchos católicos y la pérdida del sentido de pertenencia a la Iglesia…Como producto de estas opresiones nos encontramos con el desconocimiento de la presencia del Espíritu y del Señor Jesús quien pasa como liberador en el sujeto “pueblo”, llamado a construir la paz y ser instrumento activo en cuanto colaborador de la obra redentora de Cristo.

Foto: DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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