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A alguien le dio por bautizarlo Goyo y así quedó. Ese remoquete se impuso por sobre el nombre y pocos conocieron a Campo Elías, mientras que muchos disfrutaron con las ocurrencias de Goyito. / Foto: ÁLBUM FAMILIAR

NECROLOGÍA. Adiós Goyito, consejero, rifero, patrón y parcero

CÚCUTA.- Corría la primera mitad de la década de los 80, siglo XX, cuando Campo Elías Caballero llegó al barrio Belén. Lo hizo cargado de historias y vivencias, anécdotas y recuerdos con los que divertía a los nuevos amigos. Pronto se dio conocer por las rifas que ofrecía cada semana, por la habilidad para jugar pool y billar, y por el gusto por el fútbol.

Había nacido en su Bucaramanga del alma y criado en Cuberos Niño, bajo la égida del padre Martín Parada. Entre los amigos de esa niñez en medio de las limitaciones que propone la sociedad destacó el sacerdote Pauselino Camargo. Los demás solo eran referencia en los relatos animados y graciosos que contaba en momentos de juerga.

En esa infancia aprendió a defenderse y a tener olfato para salir avante de las situaciones embarazosas, a sacar ventaja a quienes se dejaban tomar la delantera y a granjearse amistades buenas para el momento, malas para el futuro. En ese barrio conoció de mundo y un mundo no santo lo acogió, pero no lo devoró. Supo escabullirse y a su manera lo vivió, lo gozó y lo disfrutó.

A alguien le dio por bautizarlo Goyo y así quedó. Ese remoquete se impuso por sobre el nombre y pocos conocieron a Campo Elías, mientras que muchos disfrutaron con las ocurrencias de Goyito. Otros, no quisieran recordar ni al uno ni al otro.

En el barrio Belén, por más de tres décadas, recorrió las calles en busca de clientes para las rifas que ofrecía con cierto carisma. A las mujeres las convencía con chistes y juegos de palabras, y a los hombres los inducía a la compra recordándoles la necesidad de ganar. Al principio, rifaba chécheres que cargaba en una carreta; luego, pegó billetes en la cartulina para despertar el ansia en los apostadores, y después, vendía pequeñas boletas y el premio era un toro.

Así, entre apuestas, largas horas de conversación en las esquinas, chicos de pool y de billar los jueves (Día del Rifero), partidos de fútbol, idas al río y remembranzas levantó la familia con Nohora Jaimes. Nacieron Carolina, Tato y Carlos. Tenía su código de disciplina en el hogar y bajo esa férula crecieron los muchachos.

Campitos fue buen amigo. Desprendido y dado a las mejores atenciones para con quienes estimaba las merecían. Ese carácter le granjeó críticas y espaldarazos. Era cerrero en sus apreciaciones y cuando no gustaba de alguna situación no lo callaba. Era aguantador a las bromas hasta cierto punto y cuando se hartaba de las repeticiones partía a casa. Allá seguía la parranda a su manera y ajustada a su ley.

Jugó fútbol hasta cuando decidió que era hora de pasar a la dirección técnica, oficio que abandonó por desobediencia de los dirigidos. Hizo parte del Club Los Indomables. Equipo de fútbol en el que formó como volante de armado y compartió titular con Mortero, Pipo, Moreno, El Paisa, Metro, El Calvo, Santa, Puya, Rincón y Güevito.

Amó al Atlético Bucaramanga y partió sin verlo ganar una estrella en el rentado nacional. También metió entre los equipos preferidos al Atlético Nacional. Colombia fue su gran pasión y convirtió la casa en sede de la selección. La pintó de amarillo, azul y rojo. Quiso a Brasil y lucía con orgullo la camisa verde amarilla. No soportaba a Argentina, por el azul en la camiseta. Defendía el rojo liberal, aunque en una ocasión tuvo un desliz odontológico conservador.

Goyito no se medía en gastos cuando de atender a los amigos se trataba. En la casa siempre había, mínimo, una taza de limonada, de masato, de café. No era tan creyente, respetada las creencias y no recitaba las oraciones con fervor. Para ganar en las apuestas permanentes tenía una fe inquebrantable y al año le pegaba tres, cuatro veces al premio mayor.

Campo Elías dijo adiós al mundo y no alcanzó a ver la final del Mundial Rusia 2018, como hubiera querido. Ni tuvo tiempo para celebrar los 66 años de vida, le faltaron pocos días. Tampoco fue testigo del comienzo del mandato de Iván Duque, aunque no se supo si lo apoyó en las urnas.

La esquina de la calle 12 con avenida 6, refugio de los arrastradores en la época boyante del comercio cucuteño, ha perdido a otro de sus habituales visitantes. Cotorra, Marciano, Coscoja, Jeto, ven partir a otro colega, a otro hombre que ganó pesos en un oficio en vías de extinción. El gremio se achica.

En Belén, Mundo, Rey, El Cabezón, Santa, Mico, El Rolo, Parrita, Casi Loco, Pica, y muchos más, han perdido al amigo, al patrón, al rival de juegos, al Gordo, al blanco de mofas, al crítico, al consejero, al rifero, al parcero. En fin, han perdido al Goyo. Paz en su tumba, Campitos.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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3 comentarios

  1. Leonardo Julio

    Paz en su tumba y Fortaleza a la Familia; grandes anécdotas en la memoria como el mejor trasteo de Belén.

  2. hugo nelson herrera

    Siempre estarán sus buenos y acertados comentarios. te prometo cuidar con todas mis fuerzas ese tesoro tan grande que me entregaste CAROLINA CABALLERO descansa en paz.
    Y no dejes de alegrarnos y proteger nuestras vidas.

  3. Gracias por esta bonita crónica y agradable redacción. Deja una imagen afable de este ser que parte hacia la eternidad. Para los q compartimos unos pocos instantes con Goyo ahora entendemos mas de su vida

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