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La corrupción, que incrementa la inequidad, la ilegalidad, el narcotráfico, la pobreza y distintas formas de violencia, se ha vuelto para Colombia un mal gravísimo. / Foto: Alfa y Omega

MENSAJE DE LOS OBISPOS. No nos cansemos de trabajar por la paz

«Pues sé muy bien lo que pienso hacer con ustedes: designios de paz y no de aflicción, darles un porvenir y una esperanza» (Jeremías 29, 11) Como discípulos de Jesucristo que leemos la historia a la luz de Dios, los Obispos colombianos, reunidos en Asamblea Plenaria, interpretamos algunos hechos de la actual situación del país a la luz de la fe y queremos dirigirles un mensaje de esperanza.

1.- Construyamos la unidad.

No nos conviene ahondar en la polarización a la que hemos llegado en el esfuerzo de lograr el país que soñamos. La división no hace bien a ninguno. Hay que avanzar, dentro de un pacto social y cultural, a un gran acuerdo que nos permita vivir y trabajar todos en un gran proyecto nacional.

Saludamos al nuevo Presidente de la República y lo acompañamos en su propósito de ser garante de la unidad del país, como lo prometió en su primer discurso. Pedimos al Congreso de la República que se comprometa con este cometido. A los partidos y diversas agrupaciones sociales y políticas los invitamos para que, con responsabilidad, luchen también por este ideal.

Llamamos a todos los colombianos a soñar de nuevo nuestra convivencia y a empeñarnos seriamente en el bien común.

2.- Combatamos la corrupción.

La corrupción, que incrementa la inequidad, la ilegalidad, el narcotráfico, la pobreza y distintas formas de violencia, se ha vuelto para Colombia un mal gravísimo. Aún resuenan en nuestros oídos las palabras del Papa Francisco: “No participen en ninguna negociación que malvenda sus esperanzas. No tengan miedo de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales” (1). Para que la corrupción ceda en nuestro país es determinante el rescate de la ética en la vida personal, la familia, la escuela, la academia y la sociedad en general.

Debemos conocer y acoger las iniciativas que se juzguen válidas en el país para combatir este flagelo, rechazar este tipo de prácticas corruptas y cultivar una cultura de la honestidad y la transparencia.

  1. No nos cansemos de trabajar por la paz.

La paz es un bien que merece todos nuestros esfuerzos. Ningún colombiano puede negarse a participar en la superación de los problemas y situaciones conflictivas del país. Invitamos a no dejar a mitad de camino el esfuerzo que el país ha realizado por la paz y la reconciliación, que requiere nuevos aportes y nuevos horizontes, pero sobre todo el ánimo y compromiso de todos para que finalmente la paz sea una realidad.

Manifestamos de nuevo nuestra profunda consternación por los asesinatos de hermanos y hermanas en los últimos días; nos unimos al dolor de sus familias. Toda vida es sagrada y toda muerte violenta es inaceptable.

Hacemos una llamada a la sociedad colombiana a mantener la estabilidad de las regiones y de la democracia y a continuar avanzando por los caminos que garantizan la vida, la libertad y la justicia. Pedimos a las autoridades elevar los niveles de protección y los mecanismos establecidos legalmente para garantizar la vida de quienes están bajo amenazas.

  1. Comprometámonos todos.

 Jesús nos ha dicho: «Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra» (Cf. Mt 5,13-16). Este imperativo moral nos compromete como Iglesia. Por eso, a los católicos colombianos nos duele lo que sucede en el país. Queremos ser obreros decididos en la reconstrucción de la nación. Nos proponemos multiplicar las acciones que puedan dar esperanza en este momento y ser creativos y generosos para encontrar la solución a nuestros problemas.

No esperemos con los brazos cruzados el cambio del país. Inspirados en el Evangelio, trabajemos sin descanso por sanar las heridas, tender puentes, encontrar la reconciliación y cultivar la cultura del encuentro fraterno.

También nos preocupa la situación de nuestros hermanos venidos de Venezuela.  Haciendo propia la llamada del Papa Francisco, acojamos, protejamos, promovamos e integremos a quienes, desde la hermana nación, llegan a nuestro país en busca de nuevos horizontes.

Que la Virgen María nos enseñe a ser fieles al querer de Dios sobre nuestra patria en esta nueva etapa de su historia.

+ Óscar Urbina Ortega

Arzobispo de Villavicencio

Presidente de la Conferencia Episcopal

+ Ricardo Tobón Restrepo

Arzobispo de Medellín

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal

+ Elkin Fernando Álvarez Botero

Obispo Auxiliar de Medellín

Secretario General de la Conferencia Episcopal

(1) Papa Francisco, Discurso a los Obispos colombianos, Bogotá, Septiembre 7 de 2017.

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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