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El yudo es un deporte que por lo rudo, uno se vuelve dócil en muchas cosas. / Foto: ARCHIVO

MANO A MANO CON JOHANA OROZCO. “El yudo fue una influencia de mi padre”

CÚCUTA.- El camino para Johana Orozco no ha sido fácil en el mundo del deporte. Ni como deportista ni ahora en el rol de presidenta de la Liga de Yudo. A esta cucuteña no le parece correcto como se maneja el deporte en Norte de Santander y aunque tenga una personalidad chocante, trata de obtener lo mejor para su deporte. Nunca le gustó el yudo, su padre la obligó a tomar ese camino. Por su trabajo ha logrado que la Liga tenga nombre y títulos nacionales.

¿Que la motivó a practicar el yudo?

  • Pienso que el yudo fue por influencia de mi papá. Al principio no me gustaba, en muchas oportunidades fui obligada a practicar este deporte y después de varios años entendí muchas cosas y le agarré pasión, porque viajaba, escuchaba el himno de mi país cuando subía al podio, conocía gente de otras culturas. Eso me animó a enamorarme del yudo.

¿Le costó en los primeros entrenamientos adaptarse al deporte?

  • Muchísimo. Recuerdo que les decía a mis compañeros que me andarán pasito, que se dejaran caer, porque si no ganaba, mi papá se ponía bravo. Fue duro el proceso y pienso que más adelante las consecuencias se dieron por no elegir algo que a me gustaba.

¿Como hizo para agarrarle gusto?

  • Fue una situación difícil. Mi padre era autoritario y debido a eso se desencadenaron muchos problemas en la familia, porque me quería retirar. Le cogí amor cuando empecé a competir por Bogotá. Ahí entendí que me gustaba, me levantaba a las 4:00 de la mañana, me sacrificaba y accedía a muchas limitaciones por parte del entrenador. Viví en el Deportel, había que cumplir reglas y horarios, y no estaba acostumbrada, pero por amor al deporte no se me dificultaba.

¿Que la motivó a competir por Bogotá y no por Norte?

  • La primera razón, porque me fui decepcionada del departamento, porque después de haber llegado a los Olímpicos no fui la abanderada. Eso me dolió muchísimo. Soy de las que pienso que es un anhelo de todo deportista llevar la bandera del departamento o del país, y que no me la hubieran dado fue como una puñalada en la espalda. En ese momento nadie tenía mis resultados, era campeona Panamericana categoría mayor, siendo juvenil; campeona en Centroamericanos, mayores; campeona en Sudamericanos. Nadie tenía mi récord deportivo. La segunda razón fue el apoyo económico. Acá no me estaban dando lo justo, en Bogotá si me lo daban. Por eso me fui.

¿Cuál fue la sensación por competir por un departamento que no era el tuyo?

  • Se siente raro. Especialmente si no te sabes el himno. Recuerdo que la primera vez que competí en Bogotá fue en los Juegos Nacionales, en Bucaramanga, y mis amigas me decían “cante el himno”. Por respeto no lo hacía. Le tengo mucho cariño a Bogotá, es una ciudad que me ha brindado mucho, tanto como deportista como persona. Estoy agradecida y le debo lo que soy a Bogotá.

¿De qué manera le cambia la vida un deporte tan rudo como el yudo a una persona?

  • El yudo es un deporte que por lo rudo, uno se vuelve dócil en muchas cosas. No buscar problemas, no buscar peleas. Estaba mal guiada por mis resultados. No tiene nada que ver que el deporte sea rudo, antes es el camino a la suavidad. El yudo influye más por la parte positiva que por la negativa. Al principio, no lo entendía, por mi ego y mis resultados, llegó un momento que levitaba y tenía una visión distorsionada del mundo. Gracias a que viví en Bogotá, fuera de mi casa, vi el verdadero significado del yudo.

¿Que tiene este deporte que no tienen otras disciplinas?

  • El yudo tiene medallas olímpicas, mundiales, panamericanas que no tiene el fútbol. Es un deporte del que nadie tiene conocimiento en Colombia. Después del fútbol, el deporte más practicado en el mundo es el yudo. En Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina es obligatorio en los colegios. En Europa te puedes sentar a hablar sobre yudo y hay una conversación gracias al conocimiento que existe. En Colombia no lo hay.

¿Cómo era la reacción con el núcleo de amigos cuando se enteraron que practicaba yudo?

  • Decían de manera jocosa “No le busquen pelea a la yudoca”. La gente creía que porque practicaba yudo, peleaba, era agresiva, pero no, es totalmente lo contrario. El yudo me abrió las puertas para conseguir más amigos.

¿Qué recuerda de la participación en los Panamericanos de Santo Domingo y Río de Janeiro?

  • En Santo Domingo me fue muy bien. Fui medalla de bronce, perdí contra una cubana, no era lo que esperaba, porque la habíamos estudiado. Empecé bien el combate, pero tenía tanta presión de haber sido campeona en Centroamericanos, por parte del Comité Olímpico, que me descuidé y la cubana me marcó un punto. Ahí perdí el combate. Disputé la medalla de bronce contra Estados Unidos. Río de Janeiro fue un desastre. Venía de una lesión. En un chequeo antes de los Panamericanos se me salió el hombro, fue horrible y triste. En pleno calentamiento para el combate se me volvió a salir. En ese momento me hicieron un vendaje como se lo hacen a un jugador de Rugby, en pleno combate la competidora rival me hizo una llave que deshizo el vendaje y perdí. Me dio mucha rabia, porque no agarré nada en ese Panamericano.

¿Qué recuerda de los Olímpicos de Atenas 2004?

  • Fui la mujer más joven de la delegación, con 17 años. Clasificar a los Olímpicos a esa edad ha sido satisfactorio. Pagué la novatada por ser tan niña. A los Olímpicos solo van las 24 mejores del mundo, clasifiqué como la número uno en América, así que eso fue un sueño realizado. Conocer la villa olímpica, rodearme de deportistas de elite, ir a tan corta edad. Fui la primera yudoca en ir a los Olímpicos por mi país. Ese es el recuerdo más bonito que tengo.

¿Qué la motivó para no practicar más?

  • Me motivó retirarme la presión que sentía por parte mi padre. Sentí que me quemé como deportista. ¿Cómo era posible que con 20 años me retirara? Es imperdonable. Me preguntan si me arrepiento, digo que sí. Los Juegos de Londres y Río de Janeiro eran mis Olímpicos. Estaba cansada y aburrida, quería salir, no quemé muchas etapas de mi vida, fui sometida a muchas cosas que no me gustaban. Me motivo a retirarme mi padre, por las presiones y los entrenamientos tan excesivos que tenía en ese momento, a pesar de mi corta edad. La palabra es que me saturé como deportista.

¿Qué la motivó para ser presidenta de la Liga de Norte de Santander?

  • Todo lo que pasé como deportista. Los deportistas deben tener un proceso de adecuación a la edad, tampoco es que tengan la libertad de hacer mucho, porque tienen prioridades deportivas. Soy un poquito flexible en esas cosas. Los apoyos son súper importantes. Mi mayor motivación es ver el crecimiento personal y como deportistas.

¿Cuándo llegó a tomar las riendas de la Liga qué encontró?

  • Un grupo hermoso, genuino, con ganas de luchar, que quería cambios. Estaban en un momento en el que el régimen era autoritario, al igual que en mi época. Era una presión nociva. Tomé la decisión de cambiar al entrenador. Lo tomé desde mi rol de presidenta y no como hija. Aunque me dolió, pero eran los cambios necesarios, mucha gente les tiene miedo a los cambios, yo digo que no son malos, que son buenos. Ahora, con los censéis Edgardo y Lalo ha sido un cambio increíble, porque la Liga es más de familia, más unidad.

Cuando recibió el aval de Coldeportes como Liga ¿qué se cumplía en ese momento y cuáles eran los retos?

  • Al principio, tenía muchas piedras en el camino. Me decían que no lo lograría, que lo habían hecho y habían fracasado. Yo tenía el apoyo de Yuri Alvear, abogado de Coldeportes, y María Olanda. Hicimos el papeleo de la manera correcta, fui a vivir dos meses a Bogotá. La Gobernación fue un desastre. Revisaban por encima y daban la autorización cuando había fechas que no coincidían y eso Coldeportes me lo hizo ver. Una vez con el aval, arrancamos en Valledupar, nueve medallas, tres de oro y seis de bronce, Juegos Supérate, etcétera, y de ahí con pie derecho. Hasta este año que no pudimos viajar por falta de apoyo.

¿Cuando Brayan Orozco llegó a practicar yudo, cómo recibió la noticia como presidenta y como hermana?

  • A Brayan le pasó lo mismo que a mí. Nos obligaban a practicar yudo. Tuve muchas discusiones con mi papá por eso. Soy enemiga de obligar a practicar un deporte. Él andaba como que sí, como que no. Empezamos a trabajar el yudo por salud, porque era obeso. Quien motivó a Brayan a practicar yudo fue Cristina

¿Qué cambió en su vida cuando pasó de deportista a dirigente?

  • Cambió en todo. Una no es el amigo, sino que es la parte responsable. Yo juego, convivo con ellos y el respeto existe. Hay que ser el consejero, el sicólogo; en fin, en esta profesión hay que hacer de todo. Pero la vida no me la cambiaron los grandes, sino los chiquitos. Ellos, con la dulzura, la inocencia, hacen de la vida algo bonito, que te digan: “te extrañé, cuando llegaste de Europa, un abrazo, eso hace cambiar. No soy perfecta, pero ellos me han hecho cambiar y saber que hay errores que no se pueden repetir.

¿Cómo disfruta más las concentraciones, como deportista o como entrenadora?

  • Como entrenador. Me siento a ver los avances, lo que hay que corregir, lo que han evolucionado. Como dirigente, pendiente de los contactos, llamadas, de si podemos viajar, dónde nos reciben, dónde podemos hacer un campeonato. Tenemos la oportunidad de contar con buenas relaciones, hacer parte del Comité Nacional de Yudo. En fin, la dirigencia para mí es tener buenas relaciones y gestionar bien, cosa que aquí en el departamento no hay.

¿Qué papel cumple el periodismo de Norte de Santander en el crecimiento de la Liga de Yudo?

  • A los periodistas los veo comprometidos con los deportistas. Anteriormente, había que buscarlos, mostrarles las medallas, decirles ‘fui campeona’, etcétera. Hoy, no pasa a eso, gracias a ustedes nos conocen, conocemos la realidad del deporte en el departamento, los resultados buenos o malos. Gracias a los periodistas es que nos enteramos de muchos otros deportes, no siempre se habla de fútbol.

¿De dónde surge la idea de masificar en los colegios el yudo?

  • La masificación es el comienzo del cambio generacional y empezar a quitarles el puesto a los más grandes. Se trabaja con el Instituto Técnico Guaimaral. El colegio Roosevelt, a mitad de año, se detuvo, apenas entren a clases se inicia otra vez el proceso. Todo esto con el fin de hacer crecer y mostrar el deporte.

¿Fue difícil trasmitir la idea de la masificación  a los colegios?

  • El yudo es difícil de vender, porque nos limitamos a las colchonetas. En una reunión me decían que me comparaban con el rugby y la diferencia es que el rugby es un balón, guayos y pueden estar en cualquier cancha, nosotros no. El yudo tiene que tener colchonetas y trasladarlas, no tenemos cómo hacer el traslado, los niños no se van a trasladar al coliseo. Los rectores lo han recibido bien, gracias a los resultados. Lo vendemos por Supérate, porque esa es la puerta de los Olímpicos de la Juventud.

¿Qué tan importantes son los padres de familia?

  • Diría que 80 % de los patrocinadores. No tenemos apoyo, ellos tienen que están pendientes. La parte negativa es que los padres de los grandes no tienen contacto con ellos, los chicos son los que buscan los recursos. En cambio los padres de familia de los más pequeños están pendientes. Un padre de familia debe acompañar al hijo, mas no exigirle resultados, porque no son una máquina.

¿Qué es lo más difícil de ser presidenta de la Liga de Yudo?

  • Mi personalidad. Trabajo mucho y aguanto mucho, me abstengo por ellos. Siento que a veces, cuando quiero decir lo que siento, los limito. No estoy de acuerdo como se maneja el deporte. Mi personalidad es chocante.

¿Cómo podemos describir a Johana Orozco?

  • Soy ciento por ciento cucuteña, con todo mi carácter. Me describo como una persona más sensible, antes aparentaba ser fuerte, que nada me lastimaba. Hoy, puedo decir que tengo más humanismo, aprendí a reconocer mis errores y a agachar la cabeza. Soy ciento por ciento feminista y siempre voy a hacer lo que pienso, no me gusta que me callen, no me gusta callar. Tengo mucha personalidad.

JORDY ORLANDO CRUZ

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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