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La pobreza influye en la violencia y los niveles de educación en algunas comunas son bajos. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

INFORME ESPECIAL. Pobreza, delincuencia y marginalidad en Cúcuta

CÚCUTA. La capital de Norte de Santander es la ciudad de duendes, la Perla del Norte y la casa de la desolación. Drogas, pobreza, marginalidad, prostitución y delincuencia es lo que más suena en los barrios Minuto de Dios, Niña Ceci, Panamericano y El Porvenir, y el Canal Bogotá. En esas zonas la escasez toca hasta a los animales. Unos piensan que estos actos son normales, otros creen que es la condena al infierno.

Kevin tiene 17 años, título de bachiller y cumple el oficio de distribuir sustancias psicoactivas en el barrio Manuela Beltrán. Fue buen estudiante, mejor Icfes del colegio, pero no tuvo la oportunidad de entrar a la universidad. Por eso continuó en ese negocio. Nunca ha robado ni asesinado, solo es testigo de cómo los delincuentes consumen droga para tener valentía al delinquir.

La pobreza influye en la violencia y los niveles de educación en algunas comunas son bajos. Para Nasly Corzo, “la falta de educación y de oportunidades es la causante de tantos delitos, de niños incluidos en las drogas, en homicidios, en hurtos y en embarazos no deseados”.

La ciudad quedó pequeña para la cantidad habitantes, y a mayor población menos oportunidades para tener una vida digna. La competencia es por sobrevivir. Mientras desde escenarios rústicos y montañosos se contempla una Cúcuta moderna, en los barrios marginales es notoria la lucha diaria por subsistir en medio de tanta pobreza.

Esmeralda, de 48 años, vive en el barrio El Porvenir y vende tinto en el parque San Antonio desde 2008. Tiene dos hijos, el menor, de 14 años, cursa octavo grado, y la mayor, de 18, está en proceso de rehabilitación.

La madre relató que la joven se avergonzaba de ser pobre, dejó de ir al colegio, empezó a salir con hombres mayores y se hizo cirugías estéticas. En las noches se embriagaba, a veces llegaba y a veces no. Por exceso de drogas estuvo a punto de morir. La madre gastó los ahorros para ingresarla al centro de rehabilitación. Esmeralda culpa a la necesidad por frustrar de los sueños de los jóvenes.

Marco Nocua, patrullero de la Policía, dijo que “las poblaciones más afectadas son las residentes en invasiones, porque  son vulnerables. Los jóvenes se convierten en matones y ladrones, y las niñas optan por el camino de la vida fácil”.

En la Comuna 6 deambula un hombre de 25 años y por las noches roba a los caminantes solitarios. Por seguridad oculta la identidad. Hace siete años las amistades lo enseñaron a atracar, al principio le daba miedo, sentía vergüenza y lástima por las víctimas. Ahora, no tiene sentimientos al delinquir y el objetivo son las pertenencias de las víctimas. 

En el 2017, encontró trabajo en zapatería. Cuando quedó desempleado, la puerta de la delincuencia se abrió de nuevo. Este hombre considera que el hurto es un trabajo normal y si tuviera otra opción de empleo dejaría de robar. Queda visto que no tener trabajo conduce a la delincuencia.

Habitantes de calle echados en los andenes; jóvenes en los pasadizos del Canal Bogotá inyectándose  droga; niñas y mujeres en esquinas rebuscándose el pan de cada día, y hombres a los que no les tiembla la mano para jalar del gatillo pasean en motos a la espera de la presa. Todos son pobres tocados por la injusticia y  la desigualdad.

Según estadísticas del CAI Niña Ceci, en la Comuna 8, los delitos frecuentes son homicidios, lesiones personales y hurtos a personas, motocicletas y residencias, expendido de drogas a menores, contrabando y riñas familiares y en establecimientos públicos. A la fecha, en el barrio Niña Ceci van 37 motos hurtadas, 4 homicidios, 26 lesiones personales y 28 hurtos a personas.

En el cerro Los Alpes se presencia el sicariato como habitual. Un joven de 19 años, de identidad reservada, señaló que el hambre y la tristeza priman en los hogares. “Ser pobre conduce a la depresión y la depresión lleva a la desesperación. El sicariato es una opción para buscar el pan”.

Considera que la paz es una utopía, porque “nos estamos convirtiendo en la sociedad del odio y la paz. La paz suena bonito, pero al cerro no llega paz, llegan balas”.

Cúcuta es la frontera más comercial de Colombia donde se han registrado  momentos históricos de relevancia para el país. La ciudad sobrevivió, en 1875, al terremoto que la devastó. En el área metropolitana, específicamente en Villa del Rosario, nació la república. Amar a la ciudad, es la única manera posible para lograr que vuelva a ser lugar de armonía y paz, alejada de los problemas sociales.

GILMA ADRIANA SÁNCHEZ – CARLOS ALBERTO ESCALANTE

Estudiantes de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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