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“Tenemos que trabajar en conciencia ciudadana. Soy optimista y pienso que tanto la ciudad como el país podrían desarrollarse a ese nivel, aunque falten muchos años para llegar allá”. / Foto: ÁLBUM PERSONAL

DESDE AFUERA. El sueño de este ingeniero es hermanar a Cúcuta con Núremberg

Fernando Sánchez Gamboa, de 33 años, salió de Cúcuta hace 17 para estudiar ingeniería electrónica en Bogotá y poco a poco se alejó de la capital de Norte de Santander hasta llegar a Núremberg (Alemania). Allá, extraña la espontaneidad de los cucuteños, los amigos que se hacen en la fila del banco, el saludo de un desconocido en la buseta y la calidez de la gente. “En Alemania no se ve tanto eso”.

En ese país europeo se dice que en el cielo los técnicos son alemanes y en el infierno son cocineros. Esa es la broma con la que se afirma que no son los mejores en comidas en Europa. “Me parece mejor la comida en Italia, en España. En Alemania son típicos los embutidos, las salchichas”. También, echa de menos la comida colombiana. Incluso, los jugos de frutas no se ven.

El año pasado conoció a un cucuteño, después de pasar seis años en Núremberg. Ahora son amigos. Entre los dos pueden encontrar las diferencias que hay entre una y otra ciudad. Núremberg es turística, histórica y centralizada. Tiene 1100 años de fundada. La Alcaldía hace esfuerzos para mejorar la calidad de vida de los habitantes en la parte cultural.

Es una ciudad de 500.000 habitantes y tiene un programa cultural amplio. Cada fin de semana, puede asistirse a obras de teatro y a festivales, porque el gobierno local se esfuerza para conseguirlo. “Es algo que me gusta y que podríamos replicar en Cúcuta”.

Ese grado de desarrollo puede alcanzarse en la capital nortesantandereana,  con trabajo. “Tenemos que trabajar en conciencia ciudadana. Soy optimista y pienso que tanto la ciudad como el país podrían desarrollarse a ese nivel, aunque falten muchos años para llegar allá”.

Hace cuatro o cinco años, afrontó situaciones difíciles en tres áreas de la vida. En lo familiar, en lo laboral y con la pareja. Las tres ocurrieron al tiempo. “Soy creyente y siento que todo sucedió al tiempo por alguna razón. Hoy, creo que esa crisis me ha permitido ser como soy”. Aprovechó las dificultades para salir adelante, por eso agradece a la vida y a Dios por ponerle esas pruebas en el camino, porque aprendió a vivir.

Lo momentos felices, en cambio, los cuenta por montones. Uno, haber terminado la maestría en Alemania; dos, ver la tesis de la maestría expuesta en una feria internacional de automatización, y tres, haber sacado adelante un proyecto personal.

Las tristezas lo llevaron a pensar en devolverse. La lejanía y el estar tan separado de la familia lo han puesto a pensar sobre el futuro. Quiso regresar a raíz de  los problemas. “El saber del nacimiento o la muerte de familiares me hace querer regresar a Colombia. Pero cuando se tienen metas claras es fácil decir, todavía me voy a quedar varios años más”. Y  todavía estará otros años por fuera. “En este momento tengo oportunidades de crecer y creo que me voy a quedar siete años más. O no sé si me cambie la vida y termine radicándome por aquí”.

Los alemanes se debaten entre dos imágenes sobre Colombia. La mala, la de las drogas y la violencia, y la buena, la de la alegría de la gente, del calor humano, de la naturaleza, de las playas. Poco  saben de Cúcuta, no la conocen. “Siempre trato de explicarles a los alemanes y a los europeos que es una ciudad de frontera y que hay mucho comercio. Lo que saben de la ciudad lo han escuchado en las noticias de los últimos años y es sobre el cierre de la frontera.

Por eso ha asumido estrategias para trasmitir el calor cucuteño en ese lugar. Lo primero que hace es demostrar alegría. “He creado un festival de baile hace tres años. Trato de impregnar alegría”.

Al regresar a Cúcuta le gustaría encontrar una ciudad abierta en lo cultural. “Sueño con Cúcuta y tengo proyectos para hermanar a las dos ciudades. Me siento embajador de Cúcuta, y así no regrese, algún día tengo que darle algo a mi tierra”.

La comparación entre Núremberg y Cúcuta se limita al tamaño y a la posición intermedia en cada país. En lo político, no le gusta cómo se trabajan algunos temas. “No me gusta el trabajo del Concejo, pienso que se debe salir de las mismas familias, de los mismos nombres, de los mismos clanes, que han manejado la ciudad en muchos años. Comienza a verse que los hijos y los sobrinos han entrado en la política”.

Para estar enterado de lo que ocurre en la capital del departamento, lee el periódico local por internet. El distintivo rojinegro que lo identifica como cucuteño es la camiseta del Cúcuta Deportivo firmada por Charles Castro. Se la pone cuando va a cualquier estadio europeo. Tiene fotos con la camiseta en el Santiago Bernabeu, en el Camp Nou y en el Olímpico de Berlín. “Seré cucuteño hasta que me muera. Llevo el rojinegro en mi corazón, así el equipo esté en la categoría zeta ahí estaré”.

Escuchar música colombiana es un sentimiento fuerte que lo hace sentir nostalgia y ganas de regresar a casa. Esas canciones le tocan las cuerdas sentimentales y por eso trata de venir una vez al año a Colombia para recargar baterías.

En los tiempos libres, que son pocos por razones laborales, le gusta practicar el triatlón y viajar por Europa. El momento en el que ha sentido mayor emoción al pensar en Cúcuta está representado por  la situación que se vive con Venezuela, durante los últimos años, por el cierre de la frontera.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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