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DESDE AFUERA. A esta periodista la música cucuteña la pone a cantar y a bailar

Farly Yorley Portilla Jiménez tiene  32 años. Un día decidió salir de  Colombia por las dificultades laborales en Cúcuta. Esta comunicadora social afrontó problemas para conseguir empleo y cuando logró ocuparse el sueldo ofrecido resultó poco. “Creo  uno debe estar donde más le convenga y mi esposo tenía opción de irse para Estados Unidos”.

A los 6 meses, le siguió los pasos y dejó el hijo con los suegros, en el barrio Ceiba Dos. La separación duró  año y medio, mientras terminaba el programa. En ese tiempo volvió a la capital de Norte de Santander en tres oportunidades. Ahora, está en Barcelona y es manager en entrenamiento de la ONG Humana People to Peoples.

Desde el 2012 está lejos de la ciudad y esos años han sido realmente gratificantes, aunque no deja de extrañar el salpicón de frutas, salir  un día de compras, caminar por el centro en busca de una arepa, cholao y jugo de naranja. En la calle esos alimentos se consiguen baratos. Poco a poco se ha  adaptado a la comida extranjera, porque ha viajado por diferentes países.

En Estados Unidos, con excepción del resto de la población, en la organización comía saludable, eran alimentos orgánicos, buena parte cultivados por los miembros de la comunidad. “Me acostumbré a no consumir azúcar, la remplazo por miel, a no comer carnes rojas y a cenar tanto como si fuera un almuerzo y a no tomar jugos de frutas sino agua”.

En Mozambique afrontó dificultades, tomaba agua salada, comía hojas cocidas con sabores amargos, carne una vez a la semana, arroz y fríjol o xima y pescado. Xima es el alimento típico de Mozambique a base de maíz, pero sin sabor. En España debió acostumbrarse a que el almuerzo es a las 10:30 de la mañana, la comida a las 2:00 de la tarde, y la cena a las 8:00 de la noche.

Las diferencias entre las dos ciudades son marcadas. “Acá vivimos en un mundo más moderno, donde todo es más fácil. Hay aparatos electrónicos para todo y los horarios de trabajo son diferentes”. Allá paga por todo, incluidas las bolsas del supermercado, el carrito para echar el mercado y el parqueadero. El trabajo le da la oportunidad de viajar por la Unión Europea,  a Italia, Alemania, Francia, Suiza.

Si pudiera traería para adaptarlo en Cúcuta, por lo menos, el sistema del colegio para cuidar a los niños antes y después del horario de clases; ofrecer cursos extracurriculares en artes marciales, inglés, ajedrez, natación, robótica. “Me parece ideal que la gente recicle en casa y cultive los productos preferidos, y ofrecer cursos sobre cómo hacerlo, incluso, en pequeños espacios y a menor escala”.

Le encantaría crear una ONG en Colombia e implementar lo asimilado en esta experiencia fuera de casa para mejorar la calidad de vida. Ha aprendido a desarrollar proyectos en comunidades, gestionarlos y ejecutarlos.

Es difícil que Cúcuta alcance ese nivel de desarrollo, porque no se piensa en proyectos productivos, en modernizar y agilizar procesos, sino “en cómo sacar tajada de ciertos proyectos con ánimo de enriquecer a unos pocos y ensimismar más en la pobreza al resto de la sociedad”.

Los momentos más difíciles han sido vivir distante del hijo; estar en Estados Unidos sin hablar inglés y no poder comunicarse. Ahora, habla inglés y portugués, y aprenderá francés, porque tiene proyectado vivir en Francia. “He tenido que soportar momentos duros, incluso críticos de salud, como tener tres veces malaria cuando estuve en África”.

Ha vividos momentos felices. Ha viajado por diversas ciudades de Estados Unidos, Sudáfrica, Mozambique, y ha conocido otras culturas, ha convivido con coreanos, japoneses, chinos, brasileros, mexicanos, ecuatorianos,  europeos. Ha aprendido otros idiomas y ha conocido más mundo. “En otro país sí  me valoran como profesional y  tengo la oportunidad de ser gerente o mánager de una organización internacional que creo que en mi país jamás lo hubiera logrado”.

No ha pensado en devolverse. La acompañan el hijo y el esposo, tiene un buen trabajo, salud y oportunidades. Colombia, por estos momentos, solo está los  planes de vacaciones y de visita la familia y a los amigos.

En algunos lugares donde vivió creían que por ser colombiana  consumía o  vendía droga. La creencia es que los colombianos viven en el mundo de la drogas desde pequeños. La referencia que tienen del país es a Pablo Escobar, las drogas y la violencia.  “Por lo menos ahora los españoles piensan que Colombia se ha desarrollado y que la situación económica es mejor”.

Por allá la gente sabe poco o nada de Cúcuta. La referencia de Colombia la marcan  Bogotá, Medellín, Cali. Para familiarizarlos con su tierra,  les cuenta que Cúcuta es frontera con Venezuela y sobre la situación del cambio de pesos a bolívares, y quedan asombrados. “A donde voy dicen que soy al igual que los colombianos que conocen, sonrientes, risueños, amigables, calurosos, optimistas y recursivos y con cierto humor y picante al hablar”.

Lo proyectado es vivir buen tiempo en Barcelona; luego, ir a vivir y trabajar con la organización en Francia, por lo menos 5 años. Aspira que al regresar le gustaría ver a Cúcuta convertida en una ciudad autosostenible e independiente de la situación económica venezolana y con mejores oportunidades laborales.  Se entera de lo que ocurre en Cúcuta por internet y le gusta estar enterada de noticias buenas, de nuevos talentos que sobresalgan en el exterior o dejen el país en una buena posición. No tiene un distintivo rojinegro para identificarse como cucuteña, aunque cuando escucha una canción cucuteña la canta toda, sube el volumen del equipo y si es posible la baila así esté sola.

En los tiempos libres sale a pasear con la familia y disfrutan juntos buenos momentos. Por lo menos dos veces a la semana se conecta con los familiares, o cada vez que puedo. Al principio tuvo inconvenientes para adaptarse a la  diferencia horaria. Son horas adelantadas, “pero somos animales de costumbre y me acostumbré”. La mayor emoción al pensar en Cúcuta la siente cuando está en el aeropuerto y para viajar a casa. “Al ver el letrero ‘Colombia’, se me salen las lágrimas, porque amo a mi tierra y orgullosamente digo ‘soy colombiana’”.

En estos años que lleva por fuera del país ha podido hacer algunos comparativos entre los gobernantes de allá y los de acá. La conclusión que tiene es que en todos lados existe la corrupción. Lo malo es que “el pueblo no hace nada para cambiarlo, y sigue poniendo en el poder a los mismos de siempre porque se dejan comprar por  comida, promesas de empleo, dinero…”

Farly Yorley está segura de que esto cambiará  cuando se ofrezcan mejores oportunidades laborales e igualdades sociales. “Mientras tanto, permanecerá el ciclo vicioso del gobernante manipulando  a los débiles, como marionetas”.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: ARCHIVO PERSONAL

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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