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Las largas caminatas comienzan en los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. El destino está en cualquier ciudad colombiana o el exterior. / Foto: www.contraluzcucuta.co

CARTA A MADURO. A Colombia han ingresado 870.093 venezolanos, en tres años

CÚCUTA.- Querido Nicolás, te escribo desde Cúcuta, en la frontera con el estado Táchira, ciudad donde buena parte de la población tiene la creencia que naciste aquí. Incluso, tienen la dirección de la casa donde viniste al mundo y de otra donde creciste. Ah, y algunos aseguran que fuiste ayudante de autobús, de esos que cubrían la ruta Cúcuta – San Antonio. No sé por qué no has desmentido esas afirmaciones.

Pero mi intención no es mortificarte con esas atribuciones que se hacen, aunque no las confirman. Te escribo, tres años después de haber cerrado la frontera, para decirte que lo de la migración masiva de venezolanos a Colombia es cierto. Además, muchos de tus connacionales pasan los puentes internacionales con la ilusión de viajar a países cercanos. Entre los destinos escogidos están Argentina, Ecuador, Perú y Chile. Pocos nombran a Brasil, Paraguay y Uruguay.

Te paso este dato, Nico, según Migración Colombia, al país han ingresado 870.093 venezolanos. Unos han venido con buenas intenciones y trabajan en puestos decentes. Otros, en cambio, han sobrepasado la línea de la legalidad y no están bien. Deambulan y mendigan a la espera de una oportunidad para cargar con las pocas pertenencias de los cucuteños.

Solo 381.735 venezolanos están en condición regular en Colombia, 442.462 permanecen en proceso de regularización, y 45.896 tienen carácter de irregulares. Chico, debes hacer algo para favorecer a estos  hombres y mujeres que llegan del interior de Venezuela, con el rostro cansado por las molestias que afrontan en los estados natales.

Si es cierto que cobrabas los pasajes en buses de Corta Distancia, en los trayectos Cúcuta – San Antonio y Cúcuta – Ureña, recordarás las interminables filas que se hacían en las alcabalas de la  Guardia y la Aduana para entrar o salir. En muchos de esos vehículos venía gente de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Barinas y muchas más ciudades, pero lo hacían en otro ambiente.

La sonrisa no les faltaba, porque se sentían felices, provenían de un país rico, que manejaba una economía boyante y en los bolsillos afloraban los bolívares. Venían a buscar ropa, calzado y otras mercancías de lujo que compraban a precios bajos, comparados con los costos en los almacenes de sus localidades. Pagaban con gusto lo que les apetecía y regresaban a casa cargados de lo que querían. Al despedirse dejaban buenas propinas y algunos amigos para el regreso. De eso no hace mucho. Habrá pasado una generación.

En cambio ahora, Nico, la situación ha cambiado. Tus paisanos vienen a Cúcuta y pasan para el interior del país a pie. Son una comunidad desarrapada, hambrienta y desconsolada. Hasta Bogotá ha llegado el 23,5 por ciento de los ciudadanos que huyen de tu férula. Los demás están en La Guajira (11,7 %), Norte de Santander ((11,4 %), Atlántico (89,7 %) y Antioquia (7,6). También han llegado a Nariño (4,6 %), Magdalena (4,5 %), Bolívar (4,2 %), Valle del Cauca (3,8 %) y Santander (3,5).

En las largas caminatas que comienzan en los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, las mujeres cargan a los niños a manera de escudo para mendigar y despertar lástima. Los hombres no tienen nada para hacer y languidecen en el desempleo. Los niños no tienen ni alientos para llorar, solo miran y con los ojos claman un mendrugo para no desfallecer. Es cierto, Presidente, y te lo cuento de pana.

En el pasado cercano, ir a San Cristóbal era un paseo familiar agradable. Tanqueo en el Paso Andino, un refresco en Capacho, veinte bolívares de pan por el camino y almuerzo en el restaurante chino, elegante, sobrio, de país desarrollado. El recorrido por la ciudad incluía visita a almacenes en las avenidas Quinta y Séptima, entrada a supermercados, fisgoneo en tiendas de electrodomésticos de alta gama, pegada de nariz en los concesionarios, compra de otros cien bolívares de pan y regreso a casa.

Los guardias, Nico, tú lo sabes, se mostraban amables y hasta saludaban con gusto. Después, se volvieron toscos, ordinarios y agrandados por vivir enfundados en el uniforme. El sentirse con el poder en las manos les cambió la mentalidad, la manera de vivir y el sentido de humildad. La arrogancia los carcome y los destruye, pareciera que ninguno conociera el término humildad.

Hace 36 meses, querido Maduro, comprábamos gasolina en las estaciones internacionales, a buen precio. Hoy, seguimos surtiéndonos del combustible traído desde su país por las trochas con el beneplácito de los uniformados que comandas. Pille este dato, la Policía Fiscal en Norte de Santander ha decomisado más de 579.000 galones de gasolina y ACPM, por valor superior a los $ 2900 millones, en tres años.

¿Qué pasa, Presi? Entre el 19 de agosto de 2015 y el 13 de agosto de 2018, se han desarrollado más de 15.000 procedimientos de aprehensión de mercancías, los cuales ascienden a más de $ 47.000 millones. ¿Lo sabías? Hay alguien que no está en concordancia con tus órdenes y esquilma al país. Esa millonada en pesos, convertida en bolívares, haría agua la boca de Diosdado y sus amigos.  

Mira, Chico, los perecederos, cárnicos, confecciones, insumos industriales y medicamentos ingresan a Colombia por montones y tu pueblo huye porque es más fácil abandonar a padres, hijos y esposa que morir de hambre en Venezuela. Pregúntale al pajarito de Chávez qué puedes hacer o qué debes hacer para gobernar como le hubiera gustado al Comandante. De lo contrario, Nico, aquí entre tú y yo, vas a tener que dejar el poder. Te lo digo así de simple y raspao.

Nicolás, no sé si te acuerdes de mí. La noche del 2 de diciembre de 2007, en Miraflores, nos miramos a los ojos y compartimos fila para tomar el refrigerio mientras el presidente Hugo Chávez recibía la mala noticia de la derrota en el referendo. Por eso, me atrevo a escribirte, porque ese día te sentí buena gente. Y más cuando supe que eras mi paisano. Un abrazo.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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