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Las mujeres de Norte de Santander no sueñan con ser súper heroínas como la Mujer Maravilla, porque ya lo son. Son las heroínas del Norte. / Foto: nortedesantander.gov.co

ANÁLISIS. La conceptualizada belleza de la mujer nortesantandereana

CÚCUTA.- En Colombia existe una idea generalizada sobre la mujer de Norte de Santander. Seguro, a los hombres de antaño, con el peso del machismo en las espaldas, les era inaudito ver mujeres verracas, guerreras, libertadoras y revolucionarias rechazar órdenes o refutar a la autoridad con la fiel convicción de liberar a los pueblos.

Los prejuicios se normalizaron, como casi todo en el país. Es necesario recordar que el heroísmo de las motilonas les brindó la oportunidad de surgir como pueblo entre los bosques y las montañas de Norte de Santander.

Hace unas semanas, la Real Academia Española eliminó la aceptación ‘fácil’ para referirse a una mujer que “permite tener sexo sin pretextos ni problemas”. Hay que agachar la cabeza y aceptar que la “normalización” de los discursos no propicios para referirse a las mujeres se filtró erróneamente como si fuera parte de la cultura, los seudo-piropos.

Debemos reflexionar para mirarnos a la cara y actuar con la veracidad de la igualdad y el respeto. En el departamento la belleza de las mujeres es innata. En este caso el centro de análisis reflexivo no es el físico, porque no cabe duda de que la mujer nortesantandereana es bella por naturaleza.

Remontarnos a la conquista y recordar que la icónica  princesa Zulia, lideresa magistral de la tribu Cínera, se caracterizaba por el temperamento, agilidad, inteligencia, astucia y hermandad, aptitudes y actitudes que la convertían en la princesa atractiva.  Con esta heroína empezó la imagen de cómo ser mujer nortesantandereana.

Zulia luchó por la libertad del pueblo, a manos de las tropas españolas que se ubicaban en lo que hoy se conoce como Salazar de las Palmas. En la actualidad, las mujeres empoderadas buscan incansablemente la emancipación de género, educación, trabajo, inclusive, eliminar el estigma dogmático de estructurar el hogar con hombre y mujer.

¿Acaso quiénes somos para impedir que dos mujeres conformen un hogar y puedan dar amor y educación a niños? Bienestar Familiar tiene jóvenes que buscan hogar y existen hogares con dos mujeres que buscan educar niños, para que sean ciudadanos de bien, y conozcan el amor de una familia, el amor de dos mamas.

Paradójicamente desde el territorio seapoyó la guerra, pero aterra la idea de apoyar el amor, el amor entre mujeres, el amor para crear más hogares. Así se tacha la guerra, el hambre, prejuicios, y la muerte de niños abandonados.

La liberación de la mujer no puede ser vista como libertinaje, error cometido por los hombres al referirse reiteradamente y con señalamientos. ¿Con qué objetividad los hombres hablan de libertinaje? Desde la visión dogmática de la iglesia han sido conceptualizadas como inferiores, con la necesidad de tener un hombre para construir un hogar, una vida.

La idea por herencia machista de ver a la mujer desde todos los sentidos con inferioridad, dependiente de la fuerza, valentía, testosterona de los hombres, se desborona con los movimientos feministas que empezaron reunirse después de la Revolución Francesa. A raíz de las revueltas sociales y culturales en el mundo las mujeres por fin se sintieron libres y autónomas. Como siempre tuvieron que haberse sentido.

Bajo la consigna de la desconceptualización, ampliaron la perspectiva de lo que significa ser mujer, vivir como mujer y luchar para ser mujer. Una filosofía de vida que las británicas vieron casi inalcanzable, las francesas lo realizaron a escondidas y en Latinoamérica alzaron las voces para decir ¡nunca más! Lastimosamente, la respuesta de la sociedad cruel, miserable y violenta en la que vivimos fue con feminicidios.

La rebeldía femenina en Norte de Santander no acepta un “Feliz día de la mujer”, cuando los índices de mujeres asesinadas en el país y en el departamento son una locura social. ¿Por qué felicitarlas cuando son asesinadas por esposos y delincuentes miserables? La precaria respuesta del estado: “hemos reducido el índice de mujeres asesinadas”, maquillada por los noticieros de televisión, es una ofensa para la humanidad. Nadie debería morir, según la Constitución Política.

¡Que los asesinatos no sean maquillados con datos estadísticos y tortas gráficas!

La mujer de Norte de Santander no se queda anclada ante la patética respuesta estatal. Las madres cabezas de hogar, fuertes y luchadoras, decidieron realizar sus vidas por medio el trabajo y el tiempo dedicado a los hijos y a sí mismas. Tampoco el fin es señalar a todos los hombres, pero debemos reflexionar, desde lo individual como ciudadanos; también, como sujetos que integran y forjan una sociedad que necesita escucharse.

La mujer de Norte de Santander construye otras maneras de hacerse oír, ver y respetar. Es académica y en lo posible permite los lapsos para construir tejido social. A pesar de que el sexo es inherente en los seres humanos, el erotismo femenino no depende únicamente del físico, sino también de la educación, la literatura femenina y música. Las  lecturas hacen del erotismo una forma de percepción distinta, sin contacto sexual, pero sí un contacto conceptual profundo.

Entender como sociedad que la búsqueda de la igualdad de género no radica en quién es mejor, o quién tiene la culpa, sino en qué puede dar cada uno para mejorar la sociedad. En este caso, el trabajo en equipo, por el bien común, que es Norte de Santander.

Fueron ellas, con todas sus fuerzas, las que le gritaron al Estado colombiano que no estaban dispuestas a parir más hijos para enviarlos a la guerra y que se los devolvieran en cajones. Fueron ellas, las que establecieron el ‘no más a la violencia, no traeremos más hijos al mundo para morir’.

Ser mujer y las polifacéticas formas de vivir y expresarlo en este departamento debe enorgullecer a los hombres. Siempre han sido la mayoría por población, pero ahora son las jefas, con estudios importantes y con cargos para los cuales son aptas.

Luchan por los derechos de los desprotegidos y los olvidados por el Estado, inclusive poniendo la vida en riesgo. A pesar de hacer parte del mercado laboral, y obtener cargos públicos y privados importantes, aún les falta un objetivo. Falta un gobierno encabezado por una verraca mujer, una que represente a todas y todos.

Según el Dane, en Colombia hay 25.228.444 mujeres, frente a 24.605.796 hombres, para un total de 49.834.240 colombianos en el 2018. En los próximos años,  tendrán una voz tan fuerte que aportarán desde la presidencia de la republica diversas mejoras. En este momento han sembrado las semillas.

La magia femenina impregnada en Norte de Santander es notoria, pero sutil. Les encanta disfrutar de una buena obra literaria bajo las palmas del templo histórico de Villa del Rosario. En ese mismo lugar se reúnen para escribir semanarios de poesías, majestuosos párrafos en los que el amor, el sexo, la ciudad, la belleza y la naturaleza se forjan en uno para narrar la vida. Es la rebeldía la que ha llevado a las motilonas a conseguir reconocimientos y premios nacionales como la Mujer Cafam.

¿Cómo nos hicieron creer que eran débiles? Cuando son capaces de trabajar para que los hijos vayan al colegio y puedan graduarse. Después, luchan para que lleguen a la universidad, y luego de diez semestres se hacen profesionales. Madres que hacen del papel de mamá y papá a la vez, eso es tener gónadas.

Las jóvenes en estado de embarazo no lo ven como obstáculo para la educación, por lo contrario, terminan el colegio e ingresan a la educación superior. Así demuestran que no existen impedimentos, solo los estigmas y los medios de comunicación que simbolizan los límites. Son las hijas bravas del norte, y bravas por la verraquera, para que no se asuste.

Son madres cabeza de hogar, se rompen el lomo para que los hijos sean alimentados con el salario mínimo, o con las ventas de frutas y verduras o agua de panela de los semáforos.

No importa cómo, pero alimentan a los hijos con el dinero sudado por los 37 grados centígrados que caracterizan a Cúcuta, porque prefieren sudar y llegar a estar exhaustas para que la familia pueda alimentarse, porque el gas lacrimógeno del Esmad nunca los alimentará, el amor de madre sí.

La belleza tiene diferentes maneras de interpretarse, la más profunda es la que identificamos al cerrar los ojos. Que los nuevos conceptos de la mujer nos permitan edificar una sociedad más justa y equitativa, donde todos nos aceptemos.

Las mujeres de Norte de Santander no sueñan con ser súper heroínas como la Mujer Maravilla, porque ya lo son. Son las heroínas del Norte.

ISMAEL CAICEDO

Sobre Rafael Antonio Pabón

Rafael Antonio Pabón
Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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