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Luego de divagar en busca de la profesión idónea, decidió seguir los pasos del difunto padre y comenzó su carrera como abogado.

PERFIL. Álvaro Valencia, el general de La Cordialidad

Alonso Valencia Marín, nació el 20 de agosto de 1952, en Medellín, la capital de la montaña. El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, en 1948, desató una violencia desmedida en el país. Esos momentos los vivió y grabó en la mente.

Los primeros años los pasó en Envigado, junto a los padres Alonso y Teresa. De esa época recuerda buenas y malas anécdotas. En una, el encontrarse con la muerte y los momentos de pánico vividos por la familia al verlo caer por el balcón.

Mantiene viva la imagen del bisabuelo, quien estuvo en las filas del batallón Colombia en la guerra de Corea. Las historias que le contaba aún resuenan en su cerebro. Las hazañas en esas batallas Alonso las relata con una emoción que se refleja en los ojos achinados y oscuros.

A su padre, a pesar del alcoholismo, lo admira como buen abogado. Le dio lo mejor que tenía para asegurarle un mejor futuro. Anhelaba pertenecer a las filas del Ejército de Colombia y la gran admiración que tiene por la institución lo hizo fantasear. Al graduarse como bachiller, la familia se trasladó a San Cristóbal (Venezuela).

En la capital tachirense obtuvo el primer empleo. Tenía 19 años. La risa estruendosa se escuchaba a lo largo de la calle cálida y poco transitada del barrio La Cordialidad. Era delgado y alto, con facciones fuertes en el rostro, nariz con perfil griego, tez blanca, ojos pequeños y acento paisa bien marcado.

La mirada se torna cristalina y profunda por algunos segundos. Rememora situaciones que vivió en San Cristóbal. Era el encargado de estacionar los automóviles que llegaban al hotel donde trabajaba. Luego, pasó a ser el encargado del bar. La vida de Alonso tuvo un nuevo inicio.

La muerte del padre lo afectó para toda la vida y lo indujo al océano de licor. Botellas de güisqui y aguardiente han sido sus grandes aliados y detonantes de profundos pensamientos filosóficos que lo acompañan en la cotidianidad.

A los 21 años, llegó a Los Patios con ganas de salir adelante. De mera coincidencia consiguió casa en el barrio La Cordialidad y se quedó para siempre. Ingresó a la Universidad Francisco de Paula Santander para prepararse como delineante arquitectónico, profesión que no le agradó mucho por la exigencia. Solo cursó dos semestres.

Como buen paisa no se dio por vencido y la actitud perseverante no se lo permitía. Se inclinó por la administración de empresas y compartió claustro con el exrector Héctor Parra, su amigo académico. Tampoco le agrado, pues los números no son su fuerte. Luego de divagar en busca de la profesión idónea, decidió seguir los pasos del difunto padre y comenzó su carrera como abogado, en la Universidad Libre, seccional Cúcuta. Aguantó hasta noveno semestre. No se graduó, el sueño quedó frustrado y hoy se dedica a lo que la vida le proponga.

Alonso se caracteriza por ser tranquil. La emotividad de su discurso se entrelaza con preguntas retóricas e inquietantes sobra la existencia, la vida y el poder de la mujer sobre los hombres. La literatura era uno de sus pasatiempos favoritos, leía a Ernest Hemingway y Edgar Allan Poe, autores que cambió por las matutinas reuniones con los amigos alcohólicos.

A los 64 años, recibe el pago del arriendo de la casa que tiene gracias a su madre. Hace poco intentó ser concejal de Los Patios, pero no quiso ganar, porque la corporación “está llena de ladrones y corruptos” y no puede estar rodeado de ese tipo de gente.

En las calles del barrio La Cordialidad, no es un vecino cualquiera. Niños y adultos lo conocen como ‘El General’. “Me gusta que me digan así, porque quería ser como mi bisabuelo, quería ir a mandar a la gente y que me hicieran caso”.

Es habitual encontrarlo con camisa corta blanca, con rayas que forman cuadros de tonos naranja y negro; pantalón gris oscuro y lentes sin cristal, que usa en las largas tertulias.

Cada vez que encuentra a un desconocido lo saluda como a un viejo conocido. La frase que más le gusta y que es de su autoría es, “bonita, bonita la vida”. La dice con sonoridad y la melodía queda grabada a manera de corillo.

Para el ‘General’ Alonso, la vida es bonita sin importar las circunstancias. Puede ser un loco muy cuerdo para este mundo de desacuerdos, sitio en el que solo le interesa vivir, existir y reír. Algunos creen que desvaría por culpa del trago; otros, lo tildan de filósofo y pensador.

La verdad es que lo fundamental para la vida es el trago. El néctar que le da sabiduría para dar rienda suelta a los pensamientos y a los discursos. El ‘General’ se aleja con una botella de ron en la mano. Cada paso que da adorna aquellas calles que lo recibieron mucho tiempo atrás. Seguro piensa “¡qué bonita que es la vida!”.

JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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