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600 niños cucuteños tienen dos nuevos hogares

Steven y Valeria dejaron la cama, el jueves, temprano en la mañana y sin remilgos pasaron a bañarse y luego a alistarse para ir al jardín. Ese sería un día especial y los dos estaban en la lista de los protagonistas de los actos que se cumplirían más tarde. Viven en los barrios Porvenir y Trigal del Norte, en la Comuna 6 de Cúcuta.

Nancy Angarita no pasó una buena noche. Estuvo intranquila mientras procuraba conciliar el sueño. La razón: sería objeto de reconocimientos por su labor a favor de la niñez. A pesar del trasnocho estaba radiante, dichosa. La felicidad la trasformó en sonrisa permanente. En pocas horas compartiría estrado como una de las oradoras en el acto.

Claudia Uribe caminaba de un lado a otro. Iba, leía los papeles que tenía entre las manos; regresaba, saludaba, daba otra orden. El nerviosismo la tenía presa, y con justa razón. Sería parte fundamental en el reparto que el acto imponía.

Socorro Martínez (*) llegó temprano para ser testigo del acto. Entró al salón principal, se acomodó en una de las sillas plásticas y aguardó por horas la llegada de los invitados venidos de Bogotá. Lucía la blusa del uniforme que el trabajo le impone. No la incomoda, por el contrario, la hace sentir bien. Es fiel representante de un gremio que aparece abnegado.

Elvira Forero no escondió la emoción que le dio al ver el edificio grande, oloroso a nuevo, con las paredes recién pintadas y los pisos  refregados minutos antes. Llegó tarde a la cita, porque por madrugar para que no la dejara el avión no desayunó en casa. Aquí, en un restaurante de la Avenida Cero, comió caldo y lo acompañó con un jugo natural.

María Eugenia Riascos irradiaba dicha. Era la oportunidad para entregarles a los cucuteños la primera obra de cemento de su administración. Reía nerviosa, agradeció a Dios y recibió aplausos. Faltaba poco para coronar ese sueño y no quería pasar inadvertida.

Andrés y Karen recibieron el cariño de las visitantes. No supieron quiénes los cargaron en los brazos unos minutos. La historia les dirá que fueron afortunados  en esos momentos. No alcanzaron a preguntar por qué el homenaje, ni por qué esas mujeres los alzaron, ni por qué tantas fotos y tantas cámaras de televisión.

María Clemencia Rodríguez era la invitada especial. En la mañana anunció que no estaría en el acto. No sabe cuánto se perdió por cancelar la visita a Cúcuta. No conoció a los niños,  no recibió el cariño de las madres, no disfrutó de la inocencia de los halagados, no apareció en las fotos. Ella se lo perdió. ¿El motivo? Ella lo sabe.

PRIMERO DE TRES JARDINES

El Jardín Social ‘El Trigal de la Felicidad’, construido en el barrio Trigal del Norte, servirá de albergue a 300 niños de 0 a 5 años,  de la zona de influencia y pertenecientes a estratos económicos bajos. La inversión alcanzó los $2.100 millones y el área aprovechada es de 1.400 metros cuadrados.

Los beneficiados, que todavía no conocen la magnitud de la obra,  recorren a diario salones, guardería, prejardín, zona de lactancia, gateo, comedor, cocina, zona administrativa y salón de juegos. El manejo está a cargo de  Comfanorte.

–         Un conejín, muy picarón, de colita blanca como el algodón- cantaban Steven y Valeria, de 3 años, mientras aguardaban la llegada de las doctoras para la inauguración.

En los otros salones las profesoras alistaban a los pequeños alumnos para que lucieran el uniforme nuevo. En febrero iniciaron actividades, pero llevaban la ropa normal, la de vestir en la casa y el barrio. Aquí, son cuidados por 25 madres comunitarias y reciben refrigerio, almuerzo y refrigerio. A las 4:00 de la tarde regresan al hogar.

–         ¡Qué belleza! ¡qué belleza!- exclamó Elvira Forero, directora de Bienestar Familiar, al contemplar la obra que tenía frente a los ojos. En la puerta de entrada cortó las cintas en señal de inauguración y continúo hacia adentro por entre una calle de honor infantil, adornada con banderas de Colombia.

En el recorrido, acompañada por la alcaldesa María Eugenia Riascos, la directora de Comfanaorte, Claudia Uribe; el director de Comfaoriente, Omar Pedroza, y el resto del séquito se maravilló al ver cómo una charla sostenida en Bogotá, mientras unos niños oraban,  se volvía realidad.

El sentido maternal le salió a flote y cargó a Andrés. La Alcaldesa la imitó y levantó a Karen, de 3 años, y unos de los primeros favorecidos con este jardín. Los demás miembros del grupo de Infancia Temprana 1, sin percatarse de la importancia de la visita, siguieron pintando animales domésticos.

–         ¿Están contentos de estudiar aquí?- preguntó y la respuesta fue sonora y sostenida por unos segundos.

–         Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

El recorrido incluyó el resto de salones dotados de mesas, sillas, pequeños closets para guardar los elementos de trabajo de los niños, a los que sin importarles pintan de verde los ojos del elefante; de azul, las orejas, y de amarillo, la trompa. A uno no le gustó la creación y la tachó con negro.

HORA DE DISCURSOS

Nancy Angarita abrió la tanda de intervenciones. Por eso no durmió bien en la noche del miércoles. Habló a nombre de sus compañeras las madres comunitarias, alabó a la directora de Bienestar y le entregó un afiche. En recompensa recibió besos y abrazos.

Claudia Uribe, ya sin tantos nervios, dijo que los niños tienen capacidad y curiosidad por aprender, por lo que la Caja de Compensación y los empresarios que forman parte apoyan este tipo de obras.

–         La vida y la esperanza tienen cara de niño- dijo para ganarse los aplausos.

Socorro Martínez, sin inmutarse y sin perder la silla, permaneció en silencio. Escuchó con atención los discursos, regresó a casa con el recuerdo de este momento inolvidable. Seguro, no querrá borrar de la mente la imagen de las doctoras que inauguraron el jardín.

María Eugenia Riascos, más emocionada que a la llegada, anunció que la próxima inauguración será la de los megacolegios. Hizo un repaso leve a algunas atenciones a madres cabeza de familia y le entregó una placa a la directora de Bienestar.

–         Estos son jardines dignos para los niños cucuteños- dijo y se adelantó al anuncio que traía Elvira Forero acerca de la entrega de otro jardín para la ciudad, en El Rodeo.

Elvira Forero, ahora con una botella de agua, tenía otro secreto y lo anunció. Ocaña tendrá uno de estos jardines y en el país se construirán otros 98, en cuatro años. Reclamó a las familias que sean parte fundamental de los jardines.

–         Cúcuta es la ciudad que más jardines tiene en la ciudad- la revelación tuvo como respuesta el aplauso general.

Steven, Valeria, Andrés y Karen, al finalizar el acto, eran esperados por los padres en la puerta de entrada para llevarlos a casa. En este día salieron temprano, lucían el uniforme nuevo y no se percataron de la presencia de tanta personalidad en su segundo hogar.

Así, se entregaron los jardines sociales ‘El Trigal de la Felicidad’, en Trigal del Norte, y ‘Nuevo Amanecer’,  en Torcoroma, que tuvo una inversión de $1.950 millones y será operado por Comfaoriente.

(*) Nombre para significar la presencia de las madres comunitarias.

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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