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Sin duda, Juan Tomás es un privilegiado por Dios y ese don que le regaló lo ha hecho ser reconocido como el mejor sobandero que ha existido y que existirá en la historia cucuteña. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

PERFIL. Juan Tomás: el don de sobandero

CÚCUTA.- La ironía de la vida se refleja en Juan Tomás Ruiz Duarte. Un anciano de 83 años que necesita de bastón para caminar, a pesar de haber dedicado la vida entera a curar los problemas físicos. Su capacidad para sobar es el talento empírico que lo hace diferente a los demás.

En el barrio San Luis, desde las 6:00 de la mañana, este hombre se encuentras en las afueras del hogar. La piel morena y arrugada, el cuerpo delgado y las piernas largas los cubre como cuando era joven. Viste los habituales bluyines y camiseta tipo polo, que le dan un toque de elegancia.

Para alguien del común encontrarse con un adulto mayor en el porche de la casa, con una taza de café entre las manos y a tempranas horas del día, sería normal. Sin embargo, este no es el caso de Juan Tomás, pues mantiene a la espera de los constantes clientes que van en busca de la ayuda milagrosa.

Tiene el “don de sobandero”, como lo describe el nieto Alexis Ruiz, para quien su abuelo es el único capaz de arreglar un hueso salido, a pesar de que no ve con claridad. Lo curioso es cómo tiene esta cualidad natural, si en el estudio solo llega a tercer grado de primaria.

Juan Tomás, desde joven, fue un hijo entregado a la mamá Ana María Duarte, quien vivió 104 años. Como cualquier adolecente tuvo momentos de rebeldía. Uno sucedió, a los 18 años, cuando decidió salir a jugar fútbol sin el permiso materno y protagonizó una tragedia que cambiaría el rumbo de sus días.

Uno de los rivales lo atacó con tal fuerza que de un golpe le rompió la pierna derecha. Tendido por el dolor y resignado a no volver a caminar con normalidad, se apoyó en el par de muletas. La preocupación por no ayudar a la mamá en el hogar se sumaba al sentimiento de olvido por parte de los hermanos.

Buscó solución a la deficiencia física y algunos amigos le recomendaron visitar a Juan Simiro Olivares, el mejor sobandero de Cúcuta. El hombre intentó acomodarle la pierna en repetidas ocasiones, sin éxito. Juan continuó en muletas. Ni siquiera el mejor sobandero de la ciudad lo había curado, así que nadie más lo haría.

De repente, a los 18 años, mientras descansaba en la esquina del parque cercano y reflexionaba sobre la vida, una pequeña mano se posó en el hombro y escuchó una voz que le dijo: ‘vengo a curarte’. “Era un enano”, afirmó Tomás. 

Entraron en confianza y se dirigieron a la casa. Al llegar, su madre Ana María, en medio del miedo que inspiraba el hombrecillo, les dio un portazo de bienvenida. A regañadientes, la mujer acató las sugerencias del hijo para atender a personaje que lo acompañaba.

El último recuerdo de Juan Tomás sobre esa tarde, es que la criatura le tocó la pierna y cayó en sueño profundo. Al despertar, su mamá le dice que el enano, cuyo nombre no reveló, le dejó este mensaje: “Usted debe aprender a sobar, porque Dios le manda el don de sobandero”.

Asombrado porque la pierna funcionaba no dudó en comenzar el oficio. Buscó en las canchas a quienes pasaran por algo similar a su trauma anterior, para ayudarlo. Poco a poco tomó lecciones que lo convirtieron en el verdadero mejor sobandero de Cúcuta.

Han pasado 62 años desde el encuentro con aquel personaje y pareciera que no son suficientes para dejar actuar ese don que recibió. Ahora, tiene trabajo de tiempo completo se dedica a ‘remendar’ brazos, piernas, caderas, matrices, etcétera. No existe mal que Juan Tomás no cure con la fe intacta por San Gregorio y la madre Laura Montoya.

La creencia por la virgen y los agüeros lo mantienen vivo. Desde los 13 años, utiliza la ropa interior al revés, porque el mejor brujo de la ciudad se lo recomendó para evitar la muerte. Ha tenido más de 200 mujeres, con las que ha procreado 12 hijos, y solo convive con una.

Alix María Zúñiga es la hija adorada y desea continuar el legado del papá, aunque como sicoterapeuta. Luego de la muerte del hijo José Enrique Ruiz Meza, o como lo llamaba Chiche, quien poseía un don parecido al suyo, las esperanzas recaen en Alix, quien ha aprendido más con el padre que en la universidad.

Sin duda, Juan Tomás es un privilegiado por Dios y ese don que le regaló lo ha hecho ser reconocido como el mejor sobandero que ha existido y que existirá en la historia cucuteña. Un hombre que no requiere sino de su fe y conocimiento para curar, algo que para muchos es imposible.

FABIANA MADRID

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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