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Frente a frente estaban los seres humanos de hoy, no los combatientes de ayer. ‘El Iguano’ y ‘Rubén Zamora’ no estaban invitados. / Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

DE ROPERO A LAVERDE. “Puede estar tranquilo, ese perdón hace tiempo se cumplió”.

CÚCUTA.- Un apretón de manos y un corto abrazo sirvieron para limar asperezas, olvidar el pasado y perdonar las faltas cometidas durante la guerra. Jorge Iván Laverde y Emiro del Carmen Ropero se sentaron juntos, estuvieron de acuerdo en que el conflicto nunca debió existir y contaron parte del horror que vivieron como enemigos.

El salón blanco, iluminado y espacioso de un hotel cucuteño sirvió como sede del encuentro de estos dos hombres que las armas enfrentaron. Atrás quedaron los remoquetes de la confrontación. Frente a frente estaban los seres humanos de hoy, no los combatientes de ayer. ‘El Iguano’ y ‘Rubén Zamora’ no estaban invitados.

Laverde llegó bien vestido, con saco negro, camisa vino tinto y cabello recién cortado. Visto así no infunde el miedo que las víctimas sintieron entre 1999 y 2004, cuando era el comandante del frente Frontera. Entre las manos un bolígrafo negro que poco utilizó para tomar apuntes.

Ropero vistió camisa blanca y bluyín. También estaba recién peluqueado. No llevaba el camuflado con el que impartía las órdenes del frente 33 de las Farc, ni las botas que le sirvieron para recorrer buena parte de la selva nortesantandereana.

Los dos fueron invitados por la iniciativa Colombia 2020, del matutino bogotano El Espectador, con apoyo de la embajada alemana, para hablar sobre la verdad del conflicto en Norte de Santander. A pesar de haber sido enemigos en la lucha armada no se esquivaron, por el contrario, llegaron dispuestos a correr el velo y a responder por sus actos.

Al comienzo, se los vio tensionados. Mientras monseñor Omar Sánchez, obispo de Tibú, habría el espacio para el diálogo, Laverde y Ropero permanecieron distantes a pesar de los escasos centímetros que los separaban. “Dieciocho años atrás, este escenario sería inimaginable”, dijo monseñor al destacar la presencia de los protagonistas de esta película.

Pasaron los minutos correspondientes a la alocución del prelado, quien explicó que la oportunidad no tenía visos de “instancia judicial” para dar a entender que no se juzgaría a nadie por los actos pasados. “No es el espacio para agudizar heridas”, señaló para explicar que ninguno de los asistentes se revictimizaría con las revelaciones que se harían.

Monseñor Sánchez formuló la primera pregunta. ¿Por qué es tan difícil hablar de la verdad?

Jorge Iván Laverde, después de entregar las armas en el 2004 y de cumplir la condena impuesta por los crímenes cometidos, ha asistido infinidad de veces a Justicia y Paz para contar lo ocurrido en la guerra. “Estamos convencidos de que la verdad es lo único que libera”, dijo en respuesta a la pregunta del obispo de Tibú.

Emiro Ropero, luego de firmado el proceso de paz con las Farc, ha incursionado en la política regional y busca un escaño en la Asamblea de Norte de Santander. “En la guerra la primera víctima es la inocencia. La población civil es la que más sufre”, afirmó para contestar la inquietud del prelado.

En la mesa principal ocupó una silla especial Ashcaina Arabadora, representante del pueblo indígena barí. Dijo que desde la llegada de Colón les han vulnerados los derechos. “La sociedad no tiene cultura, ni respeto, por eso hay conflicto”, agregó al comentar la pregunta de monseñor Oscar Sánchez.

Otro asiento en la mesa fue para Elizabeth Pabón, delegada de Ascamcat y vocera de las víctimas en el proceso de reconciliación. “Es difícil hablar de verdad cuando no hay garantías”, afirmó y reconoció que todavía en la población civil hay mucho miedo. “Aquí empieza un nuevo camino”.

El comisionado para la verdad Saúl Franco intervino para acotar que en la región el conflicto ha escalado y crea miedos e inseguridad. “La verdad es el mejor remedio contra la incertidumbre. La verdad ayuda a sanar las heridas”.

Y la primera herida que se sanó en el recinto fue la abierta por Jorge Iván Laverde en el corazón de Elizabeth Pabón al ser responsable de la muerte de uno de sus hijos. “Yo lo perdono. No le guardo rencor”, dijo la mujer con voz trémula y mirándolo desde el otro lado de la mesa. La confesión estremeció al auditorio.

“La guerra fue una horrible noche”, respondió el hombre impávido. “Es vergonzoso, no hay explicación, no hay un por qué pasó”. En seguida pidió perdón a nombre del Bloque Catatumbo y del exjefe Salvatore Mancuso por haberla hecho derramar “lágrimas hasta la eternidad”.

La segunda herida se encargó de cerrarla Jorge Iván Laverde. “Cuando vi a ‘Rubén’, me dio alegría”, dijo y miró hacia el costado donde encontró los ojos vidriosos de Emiro Ropero. “Quiero pedirle perdón”, por haberlo considerado su enemigo. “A su madre (presento) mi solicitud de perdón por la muerte del hijo y demás familiares”.

La voz se quebró en Emiro Ropero, las lágrimas rodaron por las mejillas y las palabras salieron con tirabuzón. “Este es un momento que estaba en mora”, expresó para aceptar el arrepentimiento del otrora contrincante, “un momento en que nos encontramos no para recriminarnos, sino para expresar voluntades”.

Así comenzó el tiempo que atinaron a decir “para que se inicie el reconocimiento de la verdad de las víctimas” y no dejar que “se apague la esperanza”. Los aplausos sirvieron para corroborar que los demás representantes de colectivos, asociaciones, agremiaciones y población civil están de acuerdo con lo propuesto. Los voceros de los gobiernos local y departamental no aparecieron.

Antes del apretón de manos y del abrazo, por solicitud de Gloria Castrillón, propiciadora del encuentro, Emiro Ropero le dijo a Jorge Iván Laverde  con palabras salidas de lo más profundo, “puede estar tranquilo, ese perdón hace tiempo se cumplió”. En agradecimiento, quizás, Laverde le sirvió un vaso de agua a Ropero.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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