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Jorge Eliecer Gaitán, nos llama a la lucha por la vida y por la paz, a enriquecer su pensamiento, a desenterrar su inteligencia y osadía como obra mágica que ha de redimir a los humildes. / Foto: KARINA CARRANZA

CONVERSATORIO. El país lleva más de 200 años conociendo historia de víctimas y victimarios

Ponencia sobre la vida y obra de Jorge Eliécer Gaitán, expuesta en la Universidad de Pamplona, sede Cúcuta.

Jóvenes de esta Colombia profunda, hoy se conmemora el Día de las Víctimas y es también el aniversario de la caída del más grande líder de masas en la historia de Colombia, Jorge Eliécer Gaitán. Hace justamente un año, el odio de las elites dominantes, consumía un nuevo ataque al Acuerdo de Paz con la captura de Jesús Santrihc, quien aportó a la ingeniería de la paz su ingenio para tender los puentes en los más difíciles escollos.

Este país lleva más de 200 años conociendo historia de víctimas y victimarios, de atentados personales y de descrédito infame del adversario. El odio nos ha impedido el sosiego, porque el odio ha envenenado el alma a  elites que no ven más remedio que gobernar bajo el poder de la violencia y la mentira. De otra manera, sería imposible someter la indignación nacional ante la injusticia.

Asesinaron al mariscal Sucre, atentaron contra la vida del libertador Simón Bolívar, luego de semejante obra independentista, lo vituperaron, difamaron para hacerse al poder e imponer la mezquindad sobre el sueño colectivo de la Gran República.

Como señala Gloria Gaitán en la introducción de una nueva edición del libro de su padre, “a los grandes no solo los asesinan físicamente sino que los denigran para acabar también con el sentido mismo de su razón de ser”.

Nos entregaron como colonia a Estados Unidos y nos sometieron a cruentas guerras civiles, al límite, de acabar por muchos años la esperanza de vida y el sueño de un país en democracia. Lanzas y bayonetas ensangrentadas abrieron camino a la reconfiguración violenta de la tenencia de la tierra. Sometieron bajo las armas, la trampa y la perfidia a la rebelión liberal de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y entregaron Panamá a los Estados Unidos.

Asesinaron a Rafael Uribe Uribe, luego de suscribir el acuerdo de paz. Había que castigar la osadía de levantarse en armas y, como soñar con el progreso en este país cuesta sangre, había que extirpar el pensamiento reformista liberal.

Sería Jorge Eliécer Gaitán, joven, o mejor, casi un niño,  con 12 años, quien fuera a escarbar la tierra fresca de la tumba de Rafael Uribe Uribe, para hallar su pensamiento  y hacerlo propio.

Le corresponde a Gaitán nacer y luchar en la época de la hegemonía conservadora y es uno de los más brillantes críticos de la masacre de obreros bananeros, ocurrida el 5 y 6 de diciembre de 1928, en Ciénega, Magdalena, ejecutada sin el más débil sentimiento de piedad por el ejército de Colombia al servicio de la multinacional gringa Unite Fruit Company.

Más de 1500 trabajadores fueron asesinados por reclamar condiciones laborales dignas. Aquel horror completaba un capítulo de los 100 años de soledad, descrito en la magistral obra del escritor  Gabriel García Márquez.

Ningún político liberal ha llegado a ser tan brillante como Gaitán, nadie en las huestes liberales ha visto al sistema político y económico con una mirada tan crítica como él, nadie ha sido tan digno exponente antiimperialista como él, nadie de pensamiento liberal ha llegado a impactar tanto en la historia del país, aun después de muerto. Pasó el tribuno a la historia y al altar de la Patria. El padre de la Patria le mira con ojos de esperanza, con ojos de juventud, porque desde ella cultivaron la más oceánica inspiración redentora.

Su tesis de grado la tituló ‘Las ideas socialistas en Colombia’. Allí refleja la profundidad del ideario político, el monumental faro ideológico, el compromiso con las masas oprimidas, encarnaba en la juventud la promesa del país de la democracia fecunda con el pueblo ungido en soberano.

Basta ver el concepto sobre la riqueza de Gaitán para comprender las contradicciones de clase  de aquel entonces, cuando apenas empezaba a desarrollarse un sistema económico y político que ha destrozado secularmente seres humanos. Decía que “la riqueza individual aumenta, sin que para ello se registre el menor aumento de la riqueza social”. Vale la siguiente cita, para entender el carácter especulativo del incipiente sistema financiero de la época. “Los bonos, letras y demás papeles de especulación, no son tampoco riqueza social, porque lo que ganan los poseedores es igual a las pérdidas de sus clientes”.

Qué decir hoy, cuando el sistema financiero nos controla todo, hasta la vida misma. Cuando el sistema financiero, además de destrozarnos con la especulación controla el poder político, apalanca la corrupción y promueve la violencia, que lo digan las comunidades indígenas y campesinas, a las que les arrebata la tierra, hasta los testigos de escándalos de corrupción como Odebrecht a los que les arrebata la vida. Qué diría Gaitán del Dr. Sarmiento Angulo.    

En Gaitán encontramos al crítico antiimperialista que acusó al gobierno de Miguel Abadía Méndez de la masacre de las bananeras, que movió sus cimientos con la movilización de masas hasta derribarlo. Decía que ese gobierno tenía las rodillas en tierra frente al imperio norteamericano y la metralla para su propio pueblo.   Es que en el alma de Gaitán bullía la inconformidad por la ignominia, el dolor de los desamparados, la rabia por la humillación y le laceraba el acero de la explotación que lanza al descarte y la indigencia a seres humanos. Basta leer su tesis de grado, cuando apenas tenía 26 años, para entender a aquel político liberal en su irreverencia.  

Y cito uno de sus apartes para llamar a la reflexión. “Haced, nada más que para referirnos a Bogotá, un paseo por los barrios no estrictamente centrales. Mirad aquellos llenos de suciedad y de inmundicia; examinad si tienen algunas condiciones higiénicas; examinad si allí en un solo cuartuchos mal oliente habitan 8 o 10 personas en promiscuidad vergonzante; examina si allí viven abandonados en el día niños de magras carnes y de desteñida piel; preguntad si ellos están abandonados porque los padres tienen que estar permanentemente en el trabajo; investigad si poseen alguna educación, y sabéis que ninguna. ¡Son los esclavos de la miseria, que han sido y serán siempre los esclavos del trabajo, los vencidos de la injusticia social!

Recorred la mayor parte de la ciudad, cruzad como nosotros lo hemos hecho, los lugares donde viven las clases humildes, encontrareis igual miseria, un inaudito desamparo, una vida que no se comprende, una ciudad que se deslíe en las más pavorosas ignominias. No olvidéis tampoco la tragedia silenciosa que oculta la clase media. Pensad en sus afanes, recorred todos estos casos diarios y siniestros del hombre que allí se pasa y en el abandono en que se debaten impiadosamente a un dolor. No os quedéis en Bogotá, visitad las demás poblaciones del país y encontrareis una similitud completa de situaciones. Y pensad todavía más allá, no olvidéis a los seres cuyo desamparo es más grande: los labriegos de quienes más adelante hablaremos. Hallaréis entonces que la población de las 9 partes del país son aquellos que sufren y que trabajan, y los poseedores de la riqueza una minoría exigua”.

 Que tan lejos estamos de aquel tiempo en el que el tribuno del pueblo denunciaba con vehemencia tal realidad nacional y que tan cerca estamos de esa repugnante realidad. Aun peor, en esas mismas ciudades, están las familias de los desplazados de la violencia que le siguió a su muerte, viviendo en covachas miserables alejados de sus derechos y las familias de la otra violencia que siguió al pacto de las élites liberales y conservadoras que le odiaron por siempre. Son vistos como parías con el solo derecho a perderlo todo porque como ciudadanos y ciudadanas esta sociedad no les reserva más que la indolencia.

Millones de seres humanos, muchos más que en su época deambulan en el desempleo, más de 3 millones quizás, 9 millones en la informalidad, 12 millones en la indigencia. El poder de la economía controla la política y la política se volvió una asquerosa forma de gobernar. Qué diría de Gaitán de un mundo donde el 1 por ciento de la población concentra el 99 por ciento de la riqueza y además un planeta ya casi inviable por el estado de degradación al que lo han llevado las grandes corporaciones multinacionales.  Un mundo donde los del sur subsidiamos la opulencia de los del norte. Un mundo donde nos convirtieron en consumidores de la chatarra que producen los del norte.

Luego de esta reflexión recuerdo que el 9 de mayo de 1946, el gaitanismo infringió la más contundente derrota electoral al tradicionalismo liberal y conservador en todos los cuerpos colegiados a tal punto que debieron entregarle a Jorge Eliécer Gaitán la dirección del partido liberal. Estaban abiertas las puertas al tribuno a la presidencia de la República. La América Latina se erigía contra las élites dominantes, las nuevas generaciones debatían de política y sentimientos antiimperialistas bullían bajo el faro político de José Martí, de Farabundo Martí y Augusto César Sandino.

La inolvidable marcha del silencio y la oración por la paz de Jorge Eliecer Gaitán, que constituye una pieza literaria y un legado político, evidencia cuan agotado estaba el país con la violencia política y la profundidad de su pensamiento. Qué caro le ha costado al país la intolerancia de estas élites que no ven en el ciudadano a un patriota sino en un sujeto de explotación o de descarte.

Mataron a Gaitán y le siguieron ciento de miles de muertos en una violencia abominable, esas élites oligárquicas se reservaron el derecho de gobernar al país y de victimizar la crítica, así corriesen ríos de sangre de inocentes. Entre 1948 y nuestros días, han pasado ríos de sangre y de injusticia social y han querido enterrar el pensamiento de Gaitán junto a los muertos, en tanto, exaltan doctrinas políticas y económicas  que en realidad son antípodas de lo que debe existir como esencia de la naturaleza humana. 

A este gobierno de perfidia e incompetencia, le diría Gaitán, en su oración por la paz, “Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, (…) os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Nos han hecho tanto daño que una buena parte de la sociedad se ha ido acostumbrando al crimen y a la corrupción, no reacciona frente a la manipulación y el engaño, ha ido perdiendo la memoria y sumisa acude a negociar su voto en los festines electorales, delegando a infames las responsabilidades públicas. Qué podemos esperar si ese poder público está hecho para enriquecer a pocos y degradar a la mayoría.

Qué puede quedarnos el país cuando todo lo ofrecen a los mercados internacionales y lo que queda de lo público  lo dilapidan sin mirar las necesidades en las covachas de miseria. Protestar es un delito y hasta se inventan atentados al presidente para justificar crímenes, para perseguir y esquilmar  el atrevimiento de la lucha social, como ocurre con la minga indígena. Hasta ser estudiante universitario de nuestro estrato social es un riesgo para esa élite mezquina, porque el saber debe ser privado como todo debe ser así en la sociedad de consumo.  Le temen al poder liberador de la ciencias sociales y por eso se ocupan hasta de borrar la historia.

Reivindicar el pensamiento de Gaitán es liberarse en sí mismo, es llevar un pensamiento que trascendió su tiempo, y sin lugar a equivocarnos, podemos decirlo que forma parte del pensamiento  moderno. Gaitán está entre nosotros, esta vez, para recordarnos que somos “descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!”

Jorge Eliecer Gaitán, nos llama a la lucha por la vida y por la paz, a enriquecer su pensamiento,  a desenterrar su inteligencia y osadía como obra mágica que ha de redimir a los humildes y a que de hacer del derecho la doctrina jurídica para ofrecer libertades, democracia, igualdad social, amor a la madre tierra y humanizar a Colombia.

Jóvenes, jamás omitan su deber con este país, jamás se sometan a la ignominia, desaten su irreverencia porque es de ustedes que depende que luz le brille a las nuevas generaciones. Ellas podrían juzgarles o premiarles el destino que les confieran. 

RUBÉN ZAMORA (*)

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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